Siendo sincera mi ladrillo, que se construyó gradualmente, fue sólo ser profesora de inglés en Llanavilla; pero, cuando éste se unió a los objetivos e ideales de los demás (a los otros ladrillos), recién empezó la verdadera historia de la trascendencia que tuvo mi aporte. En el primer bimestre sólo falte una vez aunque quizás iba más por compromiso y la aventura que representaba ir en bus con amigos hasta un entorno diferente a enseñar algo que nos resulta casi natural oír: inglés. Niños que no sabían inglés más que lo básico y que tenían 2 horas a la semana del curso a parte de los sábados que íbamos, no resultó fácil y menos aún con niños que ya casi van a terminar primaria, que incluso algunos eran mayores que yo y que no entendían para qué les iba a ser útil otro idioma. Durante la segunda etapa del año escolar fui una vez menos, no porque no quisiera sino porque las tareas se complicaban, y aunque CAS era estresante en la planificación pero relajante durante la acción, sentía que también tenía que estar con mi familiar o mis amigos. Mi ladrillo estaba sentado, yo daba las clases de inglés como debía, conectaba con los niños, me ganaba el cariño de algunos y el respeto como miss de otros, así como la indiferencia de algún grupo. De igual forma, mi ladrillo seguía allí y yo podía estar conforme con ello. No fue hasta que fui coordinador que entendí que un ladrillo sólo no significa nada, que tenía que unir el mío con el de los demás, complementar mis metas con las de mi comunidad. Viendo desde el balcón, saliendo de la acción a la supervisión noté que no sólo debía pensar en mí y en mi trabajo social ni que eso era meramente asistencialismo, debía y tenía que ver que sino empezaba a dar más de mi parte y empezaba a dar realmente mi energía por los demás entonces perdía el tiempo. En la última clase fue cuando culminó mi trabajo, mas mi ladrillo era ya trascendente y formaba parte de algo más grande que es CdD. Ese día final terminamos con el Golden Circle, existirá quizás alguna facción que opine que eran todavía muy pequeños para entenderlo, otra que esté de acuerdo con nosotros, siempre habrá malos y buenos comentarios pero aún así yo estoy más que segura de que ese reducido de grandes niños sabrá que su propósito en la vida debe ser trascendente, más que el nuestro en su colegio, y que para lograr lo que sea que se propongan deben ver que alguien más lo logre también incluso introducimos el tema del inglés pues al ver que profesión elegirían abrieron los ojos y se dieron cuenta de la importancia del inglés, dejé mis propios beneficios de lado y, metafóricamente, acoplé mi ladrillo
Si nos preguntan sobre nuestro ladrillo, creo que todos responderíamos sobre la enseñanza de inglés que dimos. Personalmente, creo que en parte sí, pero mi ladrillo es un poco más específico. Cuando todo este proyecto empezó, recuerdo que el hecho de encontrarme con una realidad distinta completamente, me hizo pensar un poco y valorar lo que tenía. La primera niña que conocí allá fue Marbella. Ella fue la primera en abrirse completamente, y contarme cómo era su día a día en su casa. Su papá le pegaba tanto a ella como a su hermano; y su mamá había decidido irse de la casa porque simplemente ya no soportaba lo que vivían. Por otro lado, está Lucero. Creo que ella es una niña que se quedará en la mente de todos nosotros. Por lo menos para mí, Lucero es esa niña que a pesar de tener un problema enorme en su casa, iba al Colegio y mantenía una sonrisa (aunque sea sin decir nada) cada vez que le hablábamos. Esa niña que se quedó 20 minutos sin hablar a pesar de que yo le seguía preguntando cosas. Esa niña que por más que no lo decía, nos enseñó mucho. Mi ladrillo está en poder dejar algo en ambas. Sinceramente, ellas fueron las que más me tuvieron pendiente. Pues a pesar de que Marbella no haya estado en el salón en el que yo enseñaba, a la salida siempre estuve pendiente de cómo estaba. Lucero consiguió responderme. Y aunque suene algo tonto o insignificante, para mí fue lo más bonito de todo esto. El saber que ella venció uno de sus miedos más grandes, y que yo fui parte de esa lucha, me hizo muy feliz. Más allá de las clases de inglés, el ver también a Marbella sonreír, abrazarme, y pedirme que no nos vayamos, también fue lo que me motivaba cada sábado. Este año, pasamos de ir por cumplir, a ir por algo trascendente, que eran ellos. Creo también que nuestro ladrillo como comunidad, es el hecho de dejar una pequeña luz en cada uno de los niños. Demostrarles que cuando se quiere, se puede; y que ese poder te lleva a grandes lugares. Muchos de ellos ya se van…y espero que lo que hicimos verdaderamente trascienda, así como muchas de sus acciones trascendieron en nosotros.
A lo largo de este año he vivido experiencias que jamás había imaginado; pero definitivamente ha sido un año de aprendizajes nuevos, los cuales me han permitido conocerme más, desarrolla nuevas habilidades y darme cuenta de lo que soy capaz de hacer y aportarle a mi comunidad. Gracias al proyecto de Ciudad de Dios puedo decir que este año ha sido un año de “ganar-ganar” porque no solo se trató de dictar clase de inglés a los niños del Colegio Santa Rosa de LLannavilla.
Personalmente, considero que he mejorado respecto a la tolerancia con los que son distintos a mí, al respeto, organización, trabajo en comunidad y a darme cuenta que la realidad en la que vivo no es la única en mi país e incluso, la mayoría de peruanos necesitan de mí aunque sea con mi granito de arena.
Asimismo, considero que a raíz de todo ello, cada uno ha dejado su ladrillo, su aporte por un mundo mejor y en esta oportunidad, específicamente en nuestro proyecto de Ciudad de Dios a los niños del Colegio Santa Rosa de LLanavilla. En mi caso, haciendo un recuento de lo ocurrido, me di cuenta que poco a poco mi ladrillo fue creciendo, fue fortaleciéndose y sobretodo llegó a trascender.
Mi primer ladrillo está relacionado con el proyecto de dictar clases de inglés. Considero que pude contribuir con la educación de mi país ya que clase a clase me podía dar cuanta que los chicos a los que enseñábamos entendían más lo que les decíamos en inglés y también, cada vez que hacíamos repaso de las clases pasadas, la gran mayoría recordaba lo que habían aprendido. Es por ello, que este primer ladrillo va enfocado en el futuro de los pequeños y de la educación de mi país, a su desarrollo personal al nivel académico pues considero que hoy en día el inglés es fundamental y cuando llegamos esos niños no sabían decir ni “hello” y terminar el año sabiendo que ya entendían algunos verbos y muchísimo más vocabulario es un objetivo cumplido (un ladrillo) muy importante.
Como segundo ladrillo considero que mediante las clases de inglés tuve la oportunidad de llevar la palabra de Dios a personas que probablemente nunca habían tenido la oportunidad de oírla. Probablemente, no haya sido la persona más indicada o tenido las mejores palabras pero poco a poco me daba cuenta que al hacer la oración inicial el número de personas que rezábamos iba en aumento. Además, algo que me marcó es que me pude dar cuenta que algunos de ellos lograron entender bien lo que les queríamos transmitir y a la hora que rezábamos las ganas con lo que la hacían era de admirar. Este ladrillo, para mí fue el más trascendente ya que nunca es tarde para nada y al ser católica creo que es una de nuestras misiones.
Mi tercer ladrillo está relacionado con la trascendencia y el propósito de cada uno, específicamente con Lucero, una niña que durante todo el año no le pude arrancar ni una sola palabra hasta que llegó el último día de clases. Fue una de las mejores experiencias de todo este proyecto, mientras que me senté a hablar con ella intenté darle a conocer que Dios le había mandado un propósito en la vida y que no tenga miedo a expresar lo que piensa o siente, que el hecho que haga eso será trascendente e importante no solo para ella sino que para que los rodea e incluso, para la sociedad porque estaba segura que sus ideas eran increíbles.
Finalmente mi cuarto ladrillo, el cual está relacionado con la perseverancia y el sentido de comunidad. Más de una vez los pequeños nos preguntaron cómo hacíamos para venir todos los días y si no nos aburríamos y cuando les respondíamos una de ellas me agradecía por ser tan responsables con ellos, lo cual significó mucho porque indirectamente les transmitimos ese cualidad e incluso la de perseverancia. Además, puedo decir que formamos una comunidad y que por más tropiezos que hemos tenido, hemos seguido para adelante sin rendirnos hasta cumplir nuestros objetivos y así dar ejemplo que todo es posible y que con perseverancia, respeto y responsabilidad se pueden lograr grandes sueños.
En este año , gracias al proyecto de Ciudad de Dios puedo decir que he mejorado como persona ya que me ha hecho aprender mucho sobre lo que es el valor de una comunidad , digo esto ya que este fue diferente a los demás y no pensaba que al igual que al año pasado lograríamos ese objetivo de ser una “comunidad” . Lo digo ya que al estar en un programa como el diploma, veía un Primer Bimestre en el cual el único objetivo de uno eran los resultados académicos, entre otros, incluso me incluyo pues al igual que los demás esa era mi prioridad . Si bien tengo que mejorar unos cuantos aspectos, estoy feliz de decir que un año más formamos una COMUNIDAD con mi salón. Por otro lado, también tuve algunas caídas durante mi proyecto. Considero que mi primer ladrillo fue la paciencia. Si bien me gusta estar con niños, jugar y todo, hubieron clases en las que me estresaba porque no se llegaba al objetivo por la misma razón que los niños al ser de 3 y 4 grado no nos hacían tanto caso. Entonces se podría decir que la paciencia se me agotaba y me frustraba. Me di cuenta que para lograr la atención de un niño no es llamándole la atención pues su reacción solo será la contraria a la que queremos. Por ello me di cuenta que hay que “Educar con amor”. Otro de mis ladrillos fue ser profesora en Llanavilla, considero que el ladrillo de muchos ha sido ese, ya que era algo del cual nunca habíamos practicado o mejor dicho habíamos tenido una experiencia como esa. Al principio me resulto difícil pues al no tener la experiencia no sabía cómo manejar a los pequeños. Además el ir casi todos los sábados me resultaba un poco agotador pues el colegio se encuentra un poco lejos, no me sentía obligada pero sentía que si no iba quedaría mal con mi grupo y a si no tenían que ser las cosas, tenía que ser por mí mismo deseo de ir. Considero que también era porque al ser comienzo de clases, no me conocía mucho con mi grupo para dictar las clases, entonces al ponernos de acuerdo eso nos jugaba un poco en contra. Sin embargo pasó sábado tras sábado, día tras día en el colegio, etc. y los fui conociendo cada vez mejor y me di cuenta de las grandes personas que son. Logramos hacer un buen proyecto pues siento que los niños a pesar de todo aprendieron inglés. Por ultimo considero que mi humor fue uno de mis ladrillos, me resulta un poco difícil aceptarlo pero es cierto. Menciono esto ya que mis problemas personales no tenían nada que ver con los pequeños. Por ejemplo, recuerdo que una semana me había ido mal porque me entregaron notas que no fueron de mi total gusto y el sábado estaba “cansada”, no tenía ganas y no di todo de mí en esa clase. Hasta que llego un día en el que me di cuenta que no conseguiría nada portándome de esa manera pues lo único que conseguía era perjudicar a mi grupo y no avanzar como persona. Por ello a medida que avanzaron mis clases, los fui conociendo más y en vez de estar triste me ponía feliz porque era una manera de relajarme, estar con ellos , divertirme, aprender, etc. Gracias a ellos aprendí a no combinar las cosas y mejorar en ese aspecto. Finalmente gracias a Ciudad de Dios he crecido como persona pues se trabajar en comunidad y sobre todo se dar la enseñanza con amor.
Antes que nada, tengo que admitir que al principio no tomaba muy enserio el proyecto de Ciudad de Dios, lo tomaba simplemente como una actividad, pero a medida que se realizaban las clases, me di cuenta que no era fácil, pues teníamos que organizar las sesiones, preparar el sílabo, pensar en dinámicas, etc. Me acuerdo que a partir de ese momento, cada sábado que iba a Llanavilla, iba muy alegre y emocionado pues ya entendía el verdadero significado de esta acción.
He vivido experiencias inolvidables junto a mi comunidad y junto a los niños de Llanavilla, y creo que no solamente se ha aportado un ladrillo, sino muchos que se fueron concretando a lo largo de este año. He obtenido muchos aprendizajes también, pero con lo que me quedó de este presente año es con la sonrisa de cada niño, pues de esta manera puedo comprender que hemos trascendido verdaderamente en ellos.
Personalmente, el ladrillo que he dejado en todo este proyecto, incluyendo planificación, recolección de dinero, y asistencia a clases ha sido el sacrificio que he ido dejando y todo mi esfuerzo que he dado de mi ser. Pero, en relación al proyecto en sí, mi ladrillo ha sido el aprendizaje que les he brindado, ya sea espiritual, por las oraciones que hemos realizado al empezar la clase, y por el hecho de siempre tener presente a ellos en nuestras oraciones, pues algunos niños comenzaban a preguntarnos apenas entrabamos al salón sobre la oración, como el mismo aprendizaje del idioma inglés, ya que si bien es cierto al inicio no sabían hablar lo básico de este lenguaje, pero al finalizar con las clases, la mayoría de ellos comprendió y aplicó estas enseñanzas que les brindamos.
Asimismo, no los hemos cambiado, sino hemos formado parte de sus vidas, y es de esta manera también por la que hemos trascendido en sus vidas. Creo que influenciamos en su comportamiento y su personalidad, esto se debe porque en las primeras clases notábamos bastantes peleas entre los niños, insultos, golpes y hasta incluso racismo entre ellos, sin embargo en las últimas clases pude observar mucha participación por parte de ellos, y lo que más me sorprendió fue el compañerismo que comenzaron a desarrollar mutuamente, es decir se logró concretar la idea de trabajo en grupo, por ejemplo, en una ocasión vi que Renato ayudaba a sus compañeros y los guiaba, de tal manera que mostraba preocupación por ellos, y de esa manera creo yo que también desarrolló liderazgo, pero de los verdaderos líderes que se preocupan por los demás.
En resumen, al hacer una reflexión tan profunda pude comprender que nada de esto fue en vano y que nos servirá tanto a ellos como a nosotros, pero claramente más a ellos. Por último solo me gustaría añadir que ellos nos dieron una lección de vida: “Todos podemos ser felices aun así no tengamos todas las cosas del mundo, pero siguiendo nuestros sueños, siendo positivos, y teniendo a Dios siempre a tu lado, todo es posible”.
Cuando me dicen que hable de mi ladrillo en Ciudad de Dios inmediatamente se me viene a la mente la imagen en la cual una casa está siendo construida. Y es que un ladrillo puede tener el mismo objetivo pero ser manifestado de distintas cosas que en mi caso son tres cosas (La tolerancia, la perseverancia y el de saber escuchar). Si bien una de la etapas que más he disfrutado en mi vida ha sido el ser niña, el hecho de estar con niños y niñas que ni siquiera conoces y que encima piensa como niños (madurez) creaba una inseguridad en mí las primeras clases a la que asistía en Llanavilla. Los niños o no dejaban de hablar o no dejaban de pararse de sus asientos. Era un caos, en el cual junto con mi comunidad, no sabíamos como reaccionar: o les gritábamos o les hablamos bonito. Yo no opté por ninguno de los dos, más bien les llamaba la atención pero de una forma calmada, tampoco rogándoles para que no hagan caso pero si advirtiéndoles que los iba a cambiar de sitio o que en 5 minutos volvía para tomarles la lista de cosas que no habían apuntado. Habían veces en el que se hacían los vivos conmigo o me respondían, momentos en los cuales yo no les hacía caso y los pasaba desapercibido. Una de las cosas que me motivaba a ir a las clases era el hecho que algún día esos pequeños vieran que en realidad yo les llamaba la atención por su bien y no porque era una chica amargada. Esa reflexión la vi en Jordan y Gabriela, los alumnos con los quienes más puede conversar durante todo el año. Asimismo habían reuniones con mini comunidad en la cual creábamos unas dinámicas muy bien organizadas y que suponíamos le iban a gustar a los niños; y en plena faena los niños se nos aburrían. A la mayoría de los niños no les gustaba el curso de inglés en sí por lo que cada clase notaba que cosa podíamos cambiar para que en la próxima clase a no haya inconvenientes, es más habían sábados en los que quería volver a venir el día siguiente para corregir todos los errores que mi mini-comunidad y yo habíamos cometido durante la clase.
En primer lugar, creo que no me equivoco al decir que el ladrillo de la comunidad de 4to "E" fue ser los inexpertos profesores que se comprometieron hasta los huesos por sacar adelante el proyecto. Fuimos aquella carne de cañón lanzada a un experimento sin precedentes y con altas expectativas; nos volvió locos, mordimos polvo, conocimos la ira, la impotencia, la frustración y la desesperación. Pero de alguna forma nos sirvió para reorganizar nuestras prioridades y buscar el bienestar del alma de los niños un poquito antes que el dominio del inglés. Después de todo ¿Esa no era nuestra misión? ¿Compartir talentos con el prójimo? ¿Construir la Ciudad de Dios?
En lo personal, tardé mucho tiempo en darme cuenta de cual había sido mi ladrillo. Al culminar el proyecto, a pesar de haber sido quizás la segunda experiencia más trascendente en mí, sentía que yo no había contribuido en nada. Porque en la última clase, maldición, muchos niños no sabían que rojo en inglés era red. Me sentía tan mal, porque supe que había puesto todo de mi para que las cosas salieran de determinada forma y no fueron. Quería y no se dio. Pero ¿Realmente había hecho todo lo humanamente posible? Por supuesto que no. Necesitaba ver la obra de Dios en el camino. La Andrea frígida y cuadriculada de los primeros días pronto tuvo que dar su brazo a torcer. Necesitaba saber que sus planes estaban por muy encima de los míos, que sin su ayuda yo no era capaz, realmente. Tuve que rezar. A la larga me concedió el entendimiento del no entendimiento; a cambio, comencé a hacer lo que sentía que me pedía. Les hablé a los niños de él, fomenté la corrección fraterna. Fueron de hecho situaciones muy pequeñas, como cuando Angélica le pidió perdón a las niñas. También supe que mi petulancia debía tener un límite, supe que tenía que escuchar. Así fue como me enteré que Rubí tenía sueños con Él. Finalmente, quería inconscientemente que mi ladrillo fuera hacer con los niños lo que él me hizo a mi. Buscar a los más necesitados en la periferia y mostrarles que las cosas no tenían que funcionar así. Por ejemplo, Bayron se negaba a participar !Porque le daba miedo pronunciar mal el inglés! Vaya menudo caso. En conclusión, si me dicen que nuestra misión era enseñar inglés, bajaré la cabeza y aceptaré la derrota. Si se trataba de compartir talentos con el prójimo para construir la Ciudad de Dios, pude poner un pequeño y frágil ladrillo en el muro que construye la comunidad. Andrea Niño de Guzmán n°20
Para comenzar, creo que mi ladrillo en los primeros días fue el enseñarles inglés a los niños. Sin embargo, este fue convirtiéndose en uno más trascendente gracias a que me di cuenta que mi proyecto de Ciudad de Dios era mucho más que sólo una clase de inglés.
El simple hecho de estar en ese colegio me hizo pensar en que yo también pude haber estado en la misma realidad que los niños de Llanavilla, pero no fue así. Al inicio tuve muchos momentos de reflexión en los cuales me decía a mí misma que si realmente quería enseñarles algo más importante que el aprender inglés, debía arriesgarme y salir de mi zona cómoda, para asumir diferentes retos.
Este año me ha costado el trabajo en Ciudad de Dios, ya que no soy de abrirme mucho a los demás (sobre todo con los niños) y tampoco hablar frente a un salón pero aun así cumplí con el objetivo. Es por ello que mi primer ladrillo fue el dejarles todo mi esfuerzo y sacrificio para poder enseñarles inglés y también para que aprendan valores como el respeto, el amor y la unión como comunidad.
Por otro lado, conforme fui dándome cuenta de que el objetivo de mi proyecto no era sólo dar clases, forjé un segundo ladrillo que se orientó hacia la enseñanza del respeto y el amor hacia los demás. Y es que muchos de los niños habían sido tratados con violencia y ello se reflejaba en su comportamiento en clase o en su relación con sus amigos. Además por estar en 1° y 2° grado eran mucho más inquietos. Entre ellos se pegaban, se hablaban mal e incluso se discriminaban. Cuando vi que ocurría esto, no sabía qué hacer. Quería que dejaran de pelearse pero tampoco quería que se sintieran obligados a obedecer.
Al encomendar mi trabajo a Dios, logré resolver dilemas como este. Es así como apliqué la corrección fraterna, de manera que los educaba pero con amor. Como yo era incapaz de gritarles a los niños porque de por sí ya habían recibido bastantes gritos y maltratos, yo les hablaba de manera seria y les decía que no volvieran a responder con violencia. Cada vez que lo hacía, se los decía con el mayor amor que podía dar, porque sabía que se lo merecían.
Además de enseñarles a respetar a sus y a los demás, también les enseñaba a corregir con amor y al tratarlos de esta manera, ellos podían transmitir el mismo amor y afecto hacia sus otros compañeros para acabar con los abusos entre ellos y la discriminación.
Quería era que sintieran que alguien los amaba y que estaba dispuesta a escucharlos y ayudarlos cuantas veces necesitaran. Alguien que podía ser como una hermana para ellos.
Es por ello que a pesar de no haber dado una clase excelente o hacer que todos los niños tengan excelentes notas, logré dejar el legado que considero que es el más importante que debe recibir un niño para poder aprender a ser feliz: el AMOR.
En primer lugar, yo considero que mi ladrillo fue en primer lugar ser profesora de inglés en el colegio Santa Rosa de Llanavilla; pero es algo raro de poder explicar, ya que por el otro lado yo considero que mi comunidad, mi comunidad de 4 “E”, ha dejado más que un solo ladrillo en la Ciudad de Dios. Si bien al comienzo, fue algo nuevo para nosotros, y sobre todo para mí, las circunstancias fueron cambiando lo que yo tomaba como una forma de vivir. Llegamos a las primeras visitas, y era un reto distinto, y tengo el orgullo de decir que eso se dio hasta el último. Conocimos a la frustración y la intolerancia, pero se pudo lidiar con ella. Esto genero que me cuestionara a mí misma, si al finalizar el año podría haber descubierto cual era mi ladrillo en la Ciudad de Dios. Personalmente, esa respuesta era evidente pero no podía darme cuenta, por el hecho de que no interiorizaba más lo que aprendía de cada compañero de mi comunidad, o de cada niño del salón que me tocó, que fue 5to y 6to grado de primaria. Y es que lo único que faltaba era el poder darme cuenta de cada enseñanza que me dejaba cada visita, para poder así encontrarle un sentido a lo que hacía en cada visita. Con el paso del tiempo, el conocer a niñas tan hermosas como Mayhra y Lucero, hacen que te dé más ganas de saber… ¿Cuál es el ladrillo que dejo? Y es imposible negar que Dios no me ayudo en esta búsqueda. Más que una profesora de inglés, considero que he sido una amiga que logró corregir con amor a todos, y pude transmitir lo que Dios hizo en mí, ya que noto una gran diferencia en la Paloma de marzo, con respecto a la Paloma actual. Gracias a esto, puedo decir que realmente mi ladrillo pudo trascender en mí misma, y pudo ayudar a construir lo que mi comunidad estaba construyendo, un muro más en la Ciudad de Dios. Paloma Cotrina Navarro, Nº 11
Durante todo este año con Ciudad de Dios he vivido y aprendido cosas maravillosas, recuerdo la emoción con la que llegue el primer día a Llanavilla y la nostalgia con la que me fui el pasado 18 de Octubre. He pasado tan grandes momentos con los niños que espero haber podido dejar algo en ellos, y que recuerden estas clases de inglés sabatinas como algo más que eso, que las recuerden como esas clases de inglés donde no solo aprendías inglés, sino aprendías sobre Dios, valores, a llevarte bien con tus compañeros, a ser más tolerante, aprendías a ser un mejor ciudadano del mundo. Es ahí donde está mi ladrillo, enseñar, en todo sentido de la palabra. Considero que yo no solo les enseñaba inglés, le enseñaba cómo soy, cómo es la vida, y cómo deben obrar según lo que nos dice Dios, buscaba poder influenciar y servir de guía para sus decisiones futuras. Sin embargo, un ladrillo no sirve de nada estando solo, y es ahí donde está mi comunidad de 4E, pero especialmente mi mini comunidad con la cual coordinaba 1 y 2 grado. Eramos en un principio 5 personas, pero eventualmente esta mini comunidad fue creciendo; el punto es que cada uno tenía distintos ladrillos pero que encajaban el uno con el otro, y es que con la colaboración de todos es que pudimos lograr hacer las clases de inglés, lo cual considero que no es sencillo y que es todo un reto. Mi ladrillo en el grupo fue el del compromiso, porque realmente considero que yo era la que recordaba para coordinar la clase, para que vayan a las reuniones, para que hagamos el silabo, etc. Esto lo realizaba porque me ponía en el lugar de los niños de Llanavilla y lo feo que sería estar en un clase aburrida, que se note que no está coordinada y que finalmente no aprenda nada, yo no quería eso; y es por eso que insistía con que tengamos un buena coordinación, aunque muchas veces no lo lográbamos. En resumen, al estar escribiendo este comentario y poder reflexionar un poco sobre todo lo realizado en el presente año, puedo llegar a la conclusión que todas las horas invertidas en este proyecto han valido la pena, ya que considero que he logrado mejorar la calidad de educación de mi país, sí, en un muy pequeño porcentaje, pero, de a poco se empieza ¿no?
¿Mi ladrillo?, la verdad sé que todos tendrían una diferente manera de explicar el suyo, pero el mío fue el siguiente.
En cuanto a Llanavilla, creo que todos lograron ver más allá de las clases de inglés y ver lo que estaba detrás de esto, esa era la verdadera enseñanza que debíamos darle a los niños. Y ese fue mi ladrillo también, no fue algo que alcanzara ni en la primera, ni en la segunda, ni en la tercera, ni en muchas, pero fue un proceso que me hizo darme cuenta de lo que en verdad se trataba. Al comienzo yo solo tenía la idea de hacer “Inglés para la vida”, enseñarles inglés que después ellos usarían en su vida para desarrollar mejores oportunidades en la vida. Sin bien la idea aún hoy me parece una buena idea para trascender en ella, no llegamos a cumplir eso en todos los niños.
Pero sentí que logré algo más importante en ellos, que fue el darles a alguien en el que ellos puedan confiar, una persona en la que ellos puedan confiar como yo confiaba en ellos. Eso no fue con todos los niños, pero si con algunos. Fui un amigo para ellos, alguien que pueda entender su sufrimiento y ayudarles así a ser mejores, con el apoyo y el hacerles saber que no enfrentan la vida solos. Lo que quise darles fue la confianza o el afecto que algunos de ellos necesitaban, sin dejar de ser controlarlos para que no excedieran los límites, para que tengan una base de principios que seguir, y de esta manera trascender como personas y no en lo que la sociedad los podría convertir.
¿Y en Ciudad de Dios? Siento que tanto yo como mi salón fuimos prueba de lo que he hablado en esta comentario, que la persistencia es lo que lleva a los resultados, que por más que al comienzo no entiendas para que sirves esto o si crees que estás perdiendo tu tiempo, mira a tu alrededor hacia las personas que quieres ayudar, lo que ellos obtengan será algo que tú también hayas logrado y por ende obtenido, ya sea un aprendizaje o un sentimiento, esa es la base de Ciudad de Dios, no solo enseñar o ayudar, sino también aprender de lo que tú mismo has hecho, ese fui mi caso y fue también mi ladrillo en Ciudad de Dios.
En mi vida, nunca pensé que iba a lograr trascender en alguien, ya que, soy alguien tímido y que no es muy bueno hablando con las personas. Sin embargo esto cambio con el inicio de este año, y para ser más específico Llanavilla me hizo darme cuenta que esto si era posible. Ya que me hizo conocer a gente que nunca pensé conocer; me refiero a los niños que tenían otra realidad, otra historia. Ellos lograron enseñarme mucho, sin embargo ese no era mi plan a inicio de año, yo era el único que iba a enseñar no ellos. Pero conforme me fui adaptando a eso. Me hice una pregunta ¿qué es lo que les voy a dejar? Nos hablaban que había que dejar cosas materiales o un legado. Pero dentro de mí, no sabía que dejar. Conforme fui conociendo a los niños me di cuenta que ellos no recibían mucho amor, en sus casa. Habían muchas discusiones, al conocer eso, me propuse a transmitir todo el amor, que yo recibía, a ellos. Mediante actividades, intentando siempre estar presentes cuando se sentían solos y dando todo de mí. Siempre practicaba la corrección fraterna ya que los niños eran bien inquietos y no te respetaban, mucho que digamos, así que como profesor decidí, que ellos tenían que saber que era saber lo correcto y que no, pero no mediante gritos como eran en algunas casas, sino mediante charlas, que se notara el amor que yo tenía hacia ellos.
Llego un momento que yo sentí que nada de lo que lo que hacía tenía sentido y me di por vencido, ya que veía que no lograba trascender, felizmente eso sucedió el último día. Donde me da cuenta que mi ladrillo “de transmitir amor”, había funcionado. Ya que los niños me ponían en las hojas, donde tenían que dibujar que era lo que más les gusto del año. Esto me abrió la mirada y creo que me hizo sentir que, mi ladrillo fue colocado con cemento y que por lo menos, se quedara impregnado por un largo tiempo. Espero que esos niños logren transmitir esto a futuras generaciones.
Finalmente me atrevo a decir que este fue un reto cumplido, para mi algo insólito que nunca había sucedido en mi vida y que se vio plasmado solo en esos niños. Por eso gracias niños y Llanavilla por dejarme poner un ladrillo en esta ciudad de Dios.
Durante el desarrollo del Proyecto de Ciudad de Dios a lo largo del año creo que como "ladrillo" brindé a este mi forma de ver las cosas, como todos lo hemos hecho. Para poder explicar de mejor forma dicho aporte he de remontarme a los inicios de la experiencia para relatar como influí en esta, puesto que para mí mi “ladrillo” se evidencia a lo largo de todo el proyecto. Mi colaboración en la enseñanza del inglés a los niños pequeños de inicial antes de iniciar con las clases fue apesadumbrada, porque a pesar de haber pensado que podría actuar con los pequeños temía no poder cumplir con el proyecto, terminar envuelto en mi propia indiferencia e incumplir con mi comunidad en la elaboración y posterior puerta en práctica de las actividades. Mis temores felizmente se esfumaron durante la primera clase, a pesar de los nervios que sentía, cuando vi a los alumnos también sentía la alegría de verlos, su sorpresa y actitud pacífica ante nosotros, unos extraños, era tranquilizadora. Siendo tan pequeños me hacían sentir mis deberes como profesor aún más, y también como persona tenía la sensación de cuidarlos y enseñarles como si fueran mis hermanos menores, tan adorables y tiernos, jóvenes en crecimiento. En esta clase tuve la oportunidad de darles consejos a algunos de los alumnos que, juguetones, a veces no se daban cuenta de lo que hacían, era agradable ayudarles en sus problemas y aún más cuando al final comprendían. De ahí en adelante en las siguientes clases trataba de imprimirle ese sello mío al desarrollo de las actividades en cualquier momento de la enseñanza, sea durante una actividad al pedirse unos a otros materiales, o en la hora de la merienda al enseñar que todos debían de esperar a que todos hayan tomado su parte para repetir. Mi contribución constante era una enseñanza en adición al inglés, quería que aprendieran cómo deberían interactuar con otros sin forzarlos, darles consejos de comportamiento para ser mejores personas, mejores seres humanos, más solidarios, más fraternos. Trataba de enseñarles a ser como yo no pude mediante lo que yo aprendí al no comportarme así, la comprensión, la solidaridad, a reflexionar sobre sus actos. Es por esto que siento mi participación en Ciudad de Dios muy personal porque en sí contribuí con el conocimiento fruto de mis experiencias para enseñarles a los niños de inicial cómo ser mejores personas. Claro solo eran consejos además ellos podrían ser mejores personas que yo en ese momento pero tal vez se olvidaron de cómo actuar, a lo que me refiero es que a pesar de desconocer que ellos pudiesen saber ya lo que yo les decía quise repetirlo para asegurarme. También tengo la incertidumbre de si lo seguirán aplicando pero al menos tengo la certeza que en el momento indicado y cuando debía les dije, les enseñé como actuar. Es eso lo que le dejo como “ladrillo” a Ciudad de Dios, mi contribución son mis consejos dados por la preocupación hacia los niños de que sean mejores. Ricardo Fabrizio Arteaga Ramírez 4°E N°3
Muchas personas piensan que Ciudad de Dios es solo una nota fácil que te dan por solo ir a un hogar o algo por el estilo, que el asistencialismo es la esencia del curso pero muy pocos se dan cuenta de lo que es verdaderamente trascendente. Para mí, Ciudad de Dios no es solo un curso, es una oportunidad para sentir el verdadero amor que trasciende y hace mejor a las personas. A lo largo del año mi comunidad del 4to E y yo hemos vivido distintas experiencias buenas y malas que hasta el momento creo yo que nos han enseñado a ser ciudadanos del mundo pero de la ciudad de Dios, y es en esto lo que se basa el concepto de mi ladrillo en sí.
No quisiera que mi labor se quede aquí, quisiera que nuestra comunidad ,a pesar de que ya no nos veamos en las tutorías, pueda realizar acciones de amor y trascendencia en beneficio del prójimo. Creo que lo más próximo a esto es el proyecto CAS que desarrollaremos en verano y que con la ayuda de unos compañeros sacaremos adelante. Asimismo, cabe mencionar la labor de corrección y la implementación de valores que llevamos en el colegio Santa Rosa de Llanavilla, siempre veía de que cuando un niño se equivocaba al expresarse o no hacía lo que debía siempre había alguien que lo guiara y lo encamine por el bien. Lo más bonito de todo esto es que ellos no tienen ni idea de lo que es la esencia de nuestra labor, pero sin embargo la viven y la experimentan y aunque algunos digan que no es así yo creo que sí logramos cumplir nuestro objetivo como salón.
Todos saben que una casa necesita un cimiento, columnas y por supuesto ladrillos, es una buena analogía para describir todo lo que nosotros hacemos como una comunidad que está en busca de la verdad divina. Hasta se podría comparar a la fe como la base, la acción como las columnas y a nuestra labor como los ladrillos, los de cada uno de nosotros, para hacer una casa fuerte y resistente a todo. Desde Llanavilla hasta el búnker, mi labor siempre se ha mantenido latente,y aunque a veces me quise dar por vencido siempre encontré fuerzas para levantar la cabeza y seguir adelante para realizar todas mis actividades. A lo largo del año si bien es cierto no empezamos como una comunidad hoy me puedo atrever a decir , aunque algunos lo nieguen, que hemos llegado a ser una comunidad que cada uno de nosotros ha venido construyendo con cada uno de sus ladrillos terminando construyendo la casa llamada 4ta E, una de las muchas que forman la Ciudad de Dios.
¿Cuál fue mi ladrillo en ciudad de Dios este año? La verdad nunca me había puesto a pensar sobre la respuesta a esta pregunta, ni me la había cuestionado, la naturaleza de la misma no se refiere a Llanavilla específicamente, se trata de cómo has trascendido en el mundo, teniendo a Dios presente todo el tiempo, lo que se entiende por “Ciudad de Dios”, por lo que es más complejo de lo que a simple vista apunta la pregunta, ¿Llanavilla fue todo lo que hice por la Ciudad de Dios? o ¿habré hecho más este año? Personalmente creo que Llanavilla jugó un rol muy importante en lo que fue mi ladrillo de Ciudad de Dios este año, el cual fue ser perseverante con mis amiguitos de Llanavilla, porque quise ser más que un simple profesor para ellos. Siempre que iba a Llanavilla no lo hacía por una nota, o porque fuera obligatorio, sinceramente solo falte una vez este año a este proyecto y fue por motivos de fuerza mayor, y mientras avanzaba el año, el hecho de ir le daba sentido a mi existir por este año. “Ser un profesor de inglés”, pudo ser la definición superflua de lo que vino a ser mi ladrillo en este colegio, pero la verdad es que fue mucho más que solo eso. A inicios del año conocí a un chico llamado Juan Carlos, un chico juguetón y lleno de alegría, incapaz de molestarse con alguien y además muy justo, pero el chico no sabía nada de inglés, fue por “casualidad” de la vida que fue el primer chico que me toco enseñarle, y creo que es de quien más me voy a acordar. A pesar que inglés es uno de los cursos que para mí se me hace más difícil a diferencia de los demás, no deje de perseverar con él especialmente, cada visita que teníamos, siempre iba con la meta que este chico, mi amigo, aprendiera algo de lo poco que yo también se. Al final del año él era uno de los que más participaba en la clase y uno de lo que considero aprendió más, no sé si fue específicamente solo gracias a mí, pero si algo que yo hice ayudo por lo menos a uno de ellos, mi pequeño granito de arena fue puesto en mi comunidad, pero más allá de haberle enseñado el inglés, estoy seguro que le mostré que podía confiar en mí y que siempre que me necesite en la clase yo estaría con él, le di mi amistad, más que una relación profesor-alumno. Y no solo con él, durante el año conocí a varios niños como Jorge, Joel, Ángel David, Moisés, Mariana y Yuri, a quienes también les mostré mi amistad, pero considero que con quien trascendí más fue con Juan Carlos. Siento que lo que respecta a corrección fraterna no fue mi fuerte, pero sí estuvo presente como un segundo ladrillo que podría agregar en Llanavilla. Había un grupo de alumnos en mi clase que eran los más revoltosos, y aunque siempre les decía que haciendo eso no lograrían nada, y que lastimar al prójimo está mal, creo que no pude hacer mucho para que eso disminuyera, tal vez por el hecho de ser niños en una edad de cambios y un poco más grandes, por lo que es difícil corregirlos, ellos deben darse cuenta de su error, nosotros solo mostrarles que no está bien lo que hacen. Volviendo a lo que dije al principio, considero que no todo ocurrió en Llanavilla, a lo largo de este año gracias este proyecto pude aprender muchas cosas, la tolerancia y la perseverancia que di en Llanavilla no solo se quedó ahí, en el colegio tuve amigos que estaban tristes y molestos por diversas cosas que les habían pasado, siento que mi ladrillo ahí fue reconfortarlos y darles la esperanza de que algún día todo mejorará, no me gusta ver a mis amigos mal, siempre hare lo que pueda por ayudarlos, y que después de ayudarlos ellos sientan que tan bien pueden dar consejos, por algo que yo les haya dicho y trascendiera en ellos. Estos fueron mis ladrillos, los que sé que aunque sean pequeños, ocupan un lugar en la pared de la ciudad de Dios.
Este año tuvimos como proyecto CdD enseñar inglés a niños de 5to y 6to de primaria del colegio Santa Rosa de Llanavilla. Tengo que admitir que fue todo un reto. No es que el nivel de los pequeños haya sido en un inicio el más adecuado; había niños difíciles que no tenían la disposición de aprender; nuestra planificación pudo haber sido mejor, tomando en cuenta que nos jugábamos su educación; y como pequeña comunidad tuvimos nuestros altercados. Sin embargo, considero que si logramos aportarles algo que iba más allá que enseñarles una segunda lengua. Y lo pude comprender en especial en nuestra última sesión.
En primer lugar, se sabía que había niños tímidos que tenían temor de participar y cometer algún error; y que en mi salón existía un grupo de niñas con esas características, y no participaban. Generalmente yo me dedicaba a dictar la clase y hacerla lo más dinámica posible, pero esa vez decidí dictar solo parte de esta, entregar la batuta a alguien más, y sentarme con mis, ahora, pequeñas amigas. Puede que las haya prejuiciado, pero son geniales, cada una con una idea distinta de la vida; sí, eran tímidas, pero tenían mucho que decir, y fue maravilloso que me hayan querido compartir un poco aquella clase. En especial Lucero y Mayra, quienes eran las más calladas; se logró que si quiera compartieran algo pequeño, pero significante. El ladrillo fue: demostrarles que no hay error que detenga la participación; que deben expresarse con prudencia y que nadie es perfecto, que no se las juzgaría por equivocarse, y que estaban ahí para aprender.
Asimismo, se trabajó el tema de “Jobs” y qué querían ser cuando fueran mayores. Estábamos más que entusiasmados pues fue una de las pocas clases que hubo una planificación evidenciada y concreta. Llevamos material para dinámicas y la clase en sí; y para complementarla enseñaríamos el “Golden circle”, con un fin trascedente. Me enteré que Juan Carlos, quien es especial para mí, quería ser aviador, pero no sabía si podría; es más, tenía vergüenza de decirlo ante todos porque no sabía cómo reaccionarían, aunque eventualmente lo hizo. Esos pequeños están en la edad de poder soñar más allá de lo permitido por este mundo realista, y ¿quiénes seríamos nosotros para cortarles las alas de su imaginación? Otro de los ladrillos fue: inculcarles que no existen los imposibles y que con esfuerzo y dedicación se pueden concretar hasta las más locas ideas.
En conclusión, creo que nuestro ladrillo en sí, no fue enseñarles inglés pues sinceramente no creo que hayan alcanzado el nivel que tuvimos como meta a inicios de año; aunque sí puedo decir que el inglés fue un pretexto para enseñarles algo más allá; para demostrarles que podían expresarse y que tenían que soñar más allá de esas cuatro paredes; que tenían un futuro increíble que les aguardaba si así lo querían, y que todo se logra con esfuerzo. Espero que lo que pienso que inculcamos, no se lo olviden nunca y que haya trascendido; así como ellos sábado a sábado lo hacían con nosotros, en especial conmigo, porque quizá no se los comenté pero ellos me dieron la oportunidad de ser profesora y eso se los voy a agradecer siempre.
Desde mi punto de vista, considero dejar un ladrillo, como trascender en las personas; es así como nace mi experiencia dentro del proyecto de Llanavilla, cuyo objetivo es enseñar inglés a los niños. A lo largo de este año pude experimentar diferentes sensaciones y aprendizajes, a partir de las experiencias transmitidas por los niños hacía mí, y hacía ellos mismos; logrando conocerme más, desarrollar nuevas habilidades y ahondar en la experiencia de conocer lo que es llevar una comunidad dentro de los horarios de clase.
En un principio, pensé que el objetivo de ir a enseñar inglés, iba a ser el verdadero ladrillo que dejaríamos; sin embargo, en referencia a toda la comunidad, opino que todos aportaron un poco de su forma de ser, y a partir de ello cada niño pudo aprender; no solo el idioma inglés, sino también lo que quisimos transmitir.
Cuando el proyecto empezó, sentí lo que realmente es estar dentro de una realidad completamente distinta a la mía, eso ocasionó que valore lo que tenga en ese momento, debido a que esto podría servirme y aprender de ello. Al observar a cada niño, pude notar que todos eran cariñosos, llegando al punto de abrazarme estando en el primer día de clase. Podría decir que no soy de esas personas que manifiestan la importancia de una amistad a través de besos y abrazos, lo que ocasionó un rechazo psicológico hacía la presencia de los abrazos: cada niño me miro raro, como si fuera un “extranjero” a su mundo. Dentro de esos alumnos se encontraba Isabella y John, los cuales manifestaron parecerse mucho a mí.
En primer lugar, mientras el tiempo transcurría pude notar cierta similitud con ellos, hasta casi a final del año, me enteré que Isabella estuvo con Patrick. Esto me sorprendió mucho, generando un pensamiento de: “ambos se van a distraer, no prestarán atención a clase.” Consideraba que Isabella era muy cariñosa y en ese punto diferente a lo que yo expreso; sin embargo, con Patrick era no asemejaba lo mismo. Es ahí donde me di cuenta que, en el caso de Isabella, el expresar un cariño hacía personas con mucha importancia, se basa en no manifestarlo a través de abrazos y besos. En efecto, a partir de esto, pude notar que durante todo el año, inculqué el amar de una manera diferente: ¡Ese fue mi principal ladrillo!
En segundo lugar, considero que mediante las clases de inglés logré transmitir la palabra de Dios (evangelizar), a personas que quizás no logren interiorizar sobre ello. Probablemente, no sea un experto en transmitir sentimientos o un mensaje; debido a la falta de experiencia en ello, pero pude apreciar que logré transmitir un poco de ello: Al final de cada clase se iba incrementando el volumen de la oración al realizarle, ya que cada niño iba participando de manera activa y se involucraba más.
Finalmente, puedo decir que cada niño pudo aprender de cada uno de nosotros, compartiendo experiencias y aprendizajes hasta el punto de aplicarlo en nuestras vidas. Sin embargo, considero que aún falta mucho por hacer, considerando esto como una tarea difícil que Dios manda: ¡Construir la ciudad de Dios implica esfuerzo y compromiso de todos!
Fuentes: Espinoza, J. (s.f.) Tratamiento y disposición final de residuos Industriales generados en una Refinería. Extraído de: http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/publicaciones/geologia/vol6_n11/tratamiento.pdf
Empecé este año con grandes expectativas de con respecto a Ciudad de Dios. Durante la Jornada CdD, nos dijeron a 4 E que nuestro proyecto para todo el año sería enseñar inglés a los niños del colegio Santa Rosa de Llanavilla. A mi grupo le tocó con niños de 1er y 2do grado. Fue todo un reto, ya que trabajar con niños de esa edad era muy complicado, y más con las condiciones en la que estaba el colegio. Pero eso no fue un obstáculo, sino que tuvimos que ingeniárnosla para que podamos llegar a nuestro objetivo al final del año. Durante todo el proyecto, tratamos sobre diversos temas, y a la vez pude conocer a varios niños que cambiaron mi forma de pensar. La habilidad que ellos tenían, seguro no era para la teoría, sino que a través de la práctica, podían comprender un tema mejor. Hubo dos niñas que agarré cariño con ellas, que fue Marbella y Kimberly, ellas fueron las que iluminaban las clases de inglés, a pesar de que era muy difícil hacerlas aprender, porque eran muy distraídas, yo con un poco de paciencia, las comprendía, y a través de estos espacios, pude conocer un poco más sobre ellas. Me contaban que los profesores eran muy duros cuando se cometía un error, pero a pesar de eso yo las aconsejaba de tal forma que siempre veían el lado bueno, y que después de la tormenta, siempre hay un arco iris. Ese fue mi ladrillo este año, enseñarles que en esta vida hay esperanza de que todo sea mejor de lo que es hoy. Ya que con un poco de optimismo y sacrificio podemos hacer que nuestra vida valga la pena. Con este proyecto, se pudo trabajar también el tema de la religión, con esos espacios al principio de las sesiones donde encomendábamos nuestra clase a Dios, pero a veces, los niños no lo entendían bien. Sin embargo, a través de una simple oración, podíamos encaminar por el camino del bien la vida de esos niños e instruirlos más acerca de este tema. Ya que si bien en los colegios estatales no se toca mucho la religión, era la mejor oportunidad para que los niños conozcan un poco más sobre Dios. En conclusión, creo que aporte un ladrillo importante en la vida de estas dos niñas, ya que ellas fueron con la que entablé un lazo de amistad muy fuerte, y comprendí que no todo era de color rosa en esta vida. Que siempre hay dificultades, pero que con esperanza todo se puede y que a través de simples acciones como enseñar inglés, se puede cambiar la vida de muchos niños. También que Dios debe ser el centro de nuestras vidas, y que con mucha fe, se puede alegrar la vida de muchas personas.
Al principio se me hacía muy complicado poder saber concretamente cuál fue mi ladrillo en Llanavilla, muy difícil. Debido a que normalmente no me doy cuenta de las cosas a largo plazo, y me enfoco en lo que ocurre en el momento. Sin embargo, debido a que sí pude presenciar un cambio evidente durante las clases que dimos, solo tuve que reflexionar un poco para darme cuenta lo que hemos logrado con esos niños y lo que hemos dejado a este colegio. Empezaré resumiendo lo que pude experimentar durante las clases y básicamente mis fundamentos por los que llegué a mis conclusiones. Durante las primeras clases que tuvimos, vi que habían muchos estudiantes que tenían temor a participar, y no solo el típico “roche” que creo que la mayoría de nosotros sentimos al tener que participar al frente de la clase; sino más bien, un temor a abrirse a personas que recién conoce, reprimir sus sentimientos. Y esto tenía una obvia razón que tenía que ver con lo que cada uno de esos niños había pasado durante sus vidas y como esas experiencias afectaron su personalidad. Lamentablemente, era algo que yo veía venir, al ser niños que viven en un contexto totalmente distinto al nuestro, y sabiendo la situación actual de muchos niños en nuestro país. Eran niños con capacidad, quizás no muy bien trabajada, pero tenían lo suficiente para entender la clase. Eso lo vi con muchos niños que si bien se quedaban callados, solo tomaba ir con ellos personalmente, motivarlos un poco y ver cómo podían realizar las actividades que les proponíamos. Poco a poco vi cómo se abrían cada vez más a nosotros, y también formábamos un vínculo no solo de profesor-estudiante, también un vínculo de amistad. Para la última clase me alegré mucho al ver hablando con nosotros estudiantes que, pese a que intentamos repetidas veces, no participaban para nada; y así como eso pasaba, nuestros alumnos hacían actividades un poco complicadas y que invitaban un poco a su propia reflexión casi sin ningún problema. Quizás nuestras clases no fueron impecables, quizás hubieron ocasiones que la desorganización nos jugó una mala pasada, y quizás al final el nivel de inglés que nuestros alumnos tenían no era el mejor para su edad. Pero en mi opinión creo que poder mejorar el estado emocional de esos niños, darles esperanzas y motivarlos a continuar sus estudios con ganas es mucho más importante que unas notas. Nosotros logramos eso, y yo mismo lo pude ver, pero aún sé que hay mucho que poder mejorar. Pero eso es lo bueno de Ciudad de Dios y de poner nuestro ladrillo en Llanavilla, puede que todo no este 100% completado, pero con esta semilla de esperanza que hemos plantado en ese colegio a lo largo de este año, hemos iniciado algo que se continuará. Puede que no vea a mis estudiantes otra vez, pero siento que yo, junto a mi comunidad, hemos podido trascender en cada uno de esos niños. Mi ladrillo fue lo que considero yo lo más importante para una educación y para la vida; la esperanza. Luis Adrián Lizárraga Calderón
¿Cuál fue mi ladrillo este año en Ciudad de Dios? Durante todo el año he vivido experiencias que según yo nunca las olvidaré, y que siempre que piense que el mundo me pone las cosas difíciles, tratando de ponerme obstáculos para alcanzar mí meta, recordaré que todo es posible, y que a partir de un solo problema no puedo dejar mi sueño de lado, cosa que aprendí tanto en Llanavilla y como en ciudad de Dios.
En primer lugar para empezar hablando de los ladrillos que dejé en la Ciudad de Dios, me gustaría empezar con el hecho de haber dejado una enseñanza de amor, amistad y perdón en los niños. Esto yo lo puedo evidenciar en los momentos que los niños, como todos en general, recurrían a formas extremas de mostrar su resentimiento antes otros, pero ¿cómo? Apartándolos del grupo y diciéndole que no son sus amigos.
A partir de eso, es donde entraba yo, y es que desde pequeño me enseñaron que el aceptar y pedir un perdón era la mejor solución para cualquier problema, y así fue, ya que cuando los niños se peleaban entre ellos, siempre yo pedía que aclararán las cosas, pidiéndose a la vez una disculpa y dándose un abrazo o cualquier otro gesto de reconciliación.
En mi opinión, esta costumbre de los niños de mantenerse en “bronca” como decían algunos niños, que en otras palabras significaría pelea, no les era nada familiar, ya que con algunas historias que ellos me contaban pude darme cuenta que estaban acostumbrados a no aceptar disculpas, y ni mucho menos pedirlas.
Por otro lado, siguiendo el tema de los ladrillos que dejé en Ciudad de Dios, creo que otro más de ellos fue el liderazgo que tuve al momento de coordinar las actividades. En un principio, antes yo no sabía lo que era comportarse como un líder, o tal vez sí, pero no desarrollaba ese talento como se debía de ser. A lo largo del año aprendí que un líder era aquel que buscaba beneficios a la comunidad antes que a él, y que también es capaz de reconocer sus errores, aceptándolos, corrigiéndolos y superándolos, tal como yo lo hice en muchas ocasiones.
A partir de esto, corregí bastante a varios miembros de mi salón, con el único propósito de buscar fortalecer nuestra comunidad, porque ¿De qué sirve tener malas costumbres contigo sabiendo que tú puedes llegar lejos? Para esto, es donde yo como líder aparecía, ya que el hecho de exigir los permisos a tiempos por ejemplo, o pedir los sílabos con puntualidad, no era por las puras, sino lo hacía con el fin de que reconozcan esos errores y lo puedan superar.
En otra parte, al hablar de ladrillos, creo que también es merecedor el hecho de hablar del ladrillo que me pusieron a mí, ya que por lo general antes era una persona no tan organizada y un poco indiferente ante las situaciones de los demás. Como bien lo dije, a lo largo de Ciudad de Dios, aprendí que tengo que valorar todo lo que tengo, y dar gracias de ellos, ya que siempre habrá muchas personas atrás mío deseando las oportunidades que yo poseo. Asimismo también aprendí que con una acción, con el simple hecho de dar una lección, puedo marcar y trascender en una persona, ya que ese es mi misión de vida, siempre estar ahí diciendo lo bueno y lo malo de alguien, con el fin de buscar una mejora en aquella persona.
Si me preguntan por mi ladrillo de este año, pensar en mi respuesta resulta muy complicado y complejo a la vez, ya que he dejado más de un ladrillo en el colegio Santa Rosa de Llanavilla. Yo era mayor, con quizás más conocimientos que los niños a los cuales enseñaba, pero lo que ellos me demostraban cada clase no se comparaba con un “he” o “she” que me esforzaba por enseñarles. Cuando empezó mi proyecto creía que no iba a llegar a trascender por lo mismo que eran niños y tenía la mentalidad de que iría una semana y a la siguiente no me recordarían, pero todo eso cambió. Empecé como coordinadora es decir no tenía la oportunidad de enseñarles directamente a los niños pero a veces entraba a ver como andaban y que estaban aprendiendo, sin darme cuenta a veces me quedaba la mitad de mi tiempo enseñando a un grupo de 8niños todos hombres, cada clase siempre iba y con tan solo verlos me alegraban el día. Siempre iba y los apachurraba porque soy de esas personas que va abrazando y sonriendo a todo el mundo pero si bien la mayoría de niños son super cariñosos había un par que no lo eran y eran Patrick y Ángel los dos mejores amigos y muy parecidos en cuanto a personalidad en un primer bimestre los pude ver algunas veces pero nunca llegar a enseñar. En el segundo bimestre fue que “baje a la cancha” me convertí a profesora y ¡Oh sorpresa! Enseñaba en el salón de 1er y 2do grado donde estaban los chiquitines a los cuales le había cogido cariño, hasta ahora no le encuentro razón pero siempre me encariño más con los hombres y con los más traviesos, es así que por estrategia en el salón siempre se separaban las mujeres de los hombres ya que eran muy revoltosos y yo enseñaba a ese grupo de los 3 traviesos para mí los tres mosquetero, Yohann, Piero y Omar, fue en ellos que trascendí más creo, porque a veces tenía que hacerme la mala para que me hagan caso, pude inculcar en ellos principalmente el amor y los valores a veces podía pasarme más de la mitad de la clase explicándoles lo importante que era estar calmados y escuchando la clase, al principio me asentían la cabeza pero finalmente no lo hacían me frustraba pero insistiendo es que se logran las cosas, cuando se realizaban las clases ya no eran los insoportables, ahora podían por lo menos estar mitad de la clase escuchando y aprendiendo, para tener una gran recompensa al final del año con un simple “gracias” y una sonrisa. Por otro lado me tocó desarrollar nuevas habilidades para poder llegar a Patrick y Ángel, son niños con personalidad muy diferente a la mía son mucho más callados y analíticos es decir cuando yo iba, los abrazaba y sonreía se quedaban con cara de que haces suéltate me di cuenta que ese método que había usado para todos no serviría con ellos y decidí conocerlos sentarme y preguntarles como estaban cada día que iba a clase, cuando pude tener la confianza de Patrick me di cuenta que era realmente sorprendente e inteligente!! era creo el único que se sacaba 20 en todas las prácticas que tomábamos y ello lo hacía más interesante porque era todo lo contrario a mí, le llegué a enseñar al Padre Nuestro y creo que ese es el momento que más me acuerdo en todo el año. Finalmente considero que mi superladrillo fue entregar amor, brindar confianza e inculcar valores. Fue un año intenso en el cual a veces quería tirar la toalla con los niños revoltosos que ante sus actuares no tan buenos te sonreían y daban un gran abrazo u otros que te mostraban sus admirables 20’s signo de agradecimiento ante tu enseñanza. Solo me queda agradecerles a esos niños que me ayudaron a construir la Ciudad de Dios. Deje mis ladrillos y ahora me toca fabricar unos nuevos y más resistentes.
Al principio de este año tuve un nuevo reto, enseñar, muchos estaban fascinados con la idea, en cambio yo estaba asustado, estaba nervioso, me cuestionaba mucho ¿Les agradare? ¿Me harán caso? ¿Acaso les dejare algo que valga la pena? Eran preguntas que se me sería respondida a fines del año. Lo cual se me hacía muy lejano. Sin embargo, los días pasaron rápido y pude encontrar las respuestas correspondientes a mis preguntas. Cuando termino el proyecto, sentí alivio, conocí a mucha gente, que me enseñaron elementos esenciales en la vida, pude tener nuevas experiencias que no creía que me pasarían, pero para ello tuve que bajar a la cancha, tuve que involucrarme en un proyecto en el cual no me sentía capaz de sacar algo provechoso, pero fue todo lo contrario. En el colegio de Llanavilla, se encontraban todo tipo de chicos, revoltosos, tranquilos, relajados, chistoso, felices, tristes, engreídos, etc. Con mi grupo detectamos ciertos problemas en los cuales se encontraban a estos tipos de chicos en problemas con sus amigos, se peleaban, se insultaban y se resentían, a pesar de que eran buenos chicos en clase, por dentro se les percibía los problemas, que tenían, fuera del ámbito escolar, tuvimos que entrar dentro de sus vidas, ello era más difícil que dar clases, sin embargo era el papel de un profesor, poco a poco pudimos encontrar las causas de cada personalidad, por ejemplo, Renato veía a su mamá cada dos meses, y demuestra ser un chico tranquilo y a la vez estudioso, por otro lado hay que chicos que han sufrido de golpizas hasta violaciones, de sus propios padres, nos impresiono, pero no nos detuvo, aprendí a ponerme en el lugar del otro y a cambio di amor, un cariño que perdura, que marca, mi ladrillo, fue el amor, los niños empezaron a cambiar, en actos, empezaban a respetarse más, sin perder su esencia infantil de traviesos, pero no se insultaban ni se peleaban, corregían al otro con amor, no había odio, ese odio que al principio del año había y ahora desaparecío.
Siendo sincera mi ladrillo, que se construyó gradualmente, fue sólo ser profesora de inglés en Llanavilla; pero, cuando éste se unió a los objetivos e ideales de los demás (a los otros ladrillos), recién empezó la verdadera historia de la trascendencia que tuvo mi aporte.
ResponderEliminarEn el primer bimestre sólo falte una vez aunque quizás iba más por compromiso y la aventura que representaba ir en bus con amigos hasta un entorno diferente a enseñar algo que nos resulta casi natural oír: inglés. Niños que no sabían inglés más que lo básico y que tenían 2 horas a la semana del curso a parte de los sábados que íbamos, no resultó fácil y menos aún con niños que ya casi van a terminar primaria, que incluso algunos eran mayores que yo y que no entendían para qué les iba a ser útil otro idioma.
Durante la segunda etapa del año escolar fui una vez menos, no porque no quisiera sino porque las tareas se complicaban, y aunque CAS era estresante en la planificación pero relajante durante la acción, sentía que también tenía que estar con mi familiar o mis amigos. Mi ladrillo estaba sentado, yo daba las clases de inglés como debía, conectaba con los niños, me ganaba el cariño de algunos y el respeto como miss de otros, así como la indiferencia de algún grupo. De igual forma, mi ladrillo seguía allí y yo podía estar conforme con ello.
No fue hasta que fui coordinador que entendí que un ladrillo sólo no significa nada, que tenía que unir el mío con el de los demás, complementar mis metas con las de mi comunidad. Viendo desde el balcón, saliendo de la acción a la supervisión noté que no sólo debía pensar en mí y en mi trabajo social ni que eso era meramente asistencialismo, debía y tenía que ver que sino empezaba a dar más de mi parte y empezaba a dar realmente mi energía por los demás entonces perdía el tiempo.
En la última clase fue cuando culminó mi trabajo, mas mi ladrillo era ya trascendente y formaba parte de algo más grande que es CdD. Ese día final terminamos con el Golden Circle, existirá quizás alguna facción que opine que eran todavía muy pequeños para entenderlo, otra que esté de acuerdo con nosotros, siempre habrá malos y buenos comentarios pero aún así yo estoy más que segura de que ese reducido de grandes niños sabrá que su propósito en la vida debe ser trascendente, más que el nuestro en su colegio, y que para lograr lo que sea que se propongan deben ver que alguien más lo logre también incluso introducimos el tema del inglés pues al ver que profesión elegirían abrieron los ojos y se dieron cuenta de la importancia del inglés, dejé mis propios beneficios de lado y, metafóricamente, acoplé mi ladrillo
VALERIA ARIÑO ORDAYA 4° "E"
Si nos preguntan sobre nuestro ladrillo, creo que todos responderíamos sobre la enseñanza de inglés que dimos. Personalmente, creo que en parte sí, pero mi ladrillo es un poco más específico.
ResponderEliminarCuando todo este proyecto empezó, recuerdo que el hecho de encontrarme con una realidad distinta completamente, me hizo pensar un poco y valorar lo que tenía. La primera niña que conocí allá fue Marbella. Ella fue la primera en abrirse completamente, y contarme cómo era su día a día en su casa. Su papá le pegaba tanto a ella como a su hermano; y su mamá había decidido irse de la casa porque simplemente ya no soportaba lo que vivían.
Por otro lado, está Lucero. Creo que ella es una niña que se quedará en la mente de todos nosotros. Por lo menos para mí, Lucero es esa niña que a pesar de tener un problema enorme en su casa, iba al Colegio y mantenía una sonrisa (aunque sea sin decir nada) cada vez que le hablábamos. Esa niña que se quedó 20 minutos sin hablar a pesar de que yo le seguía preguntando cosas. Esa niña que por más que no lo decía, nos enseñó mucho.
Mi ladrillo está en poder dejar algo en ambas. Sinceramente, ellas fueron las que más me tuvieron pendiente. Pues a pesar de que Marbella no haya estado en el salón en el que yo enseñaba, a la salida siempre estuve pendiente de cómo estaba. Lucero consiguió responderme. Y aunque suene algo tonto o insignificante, para mí fue lo más bonito de todo esto. El saber que ella venció uno de sus miedos más grandes, y que yo fui parte de esa lucha, me hizo muy feliz. Más allá de las clases de inglés, el ver también a Marbella sonreír, abrazarme, y pedirme que no nos vayamos, también fue lo que me motivaba cada sábado.
Este año, pasamos de ir por cumplir, a ir por algo trascendente, que eran ellos. Creo también que nuestro ladrillo como comunidad, es el hecho de dejar una pequeña luz en cada uno de los niños. Demostrarles que cuando se quiere, se puede; y que ese poder te lleva a grandes lugares. Muchos de ellos ya se van…y espero que lo que hicimos verdaderamente trascienda, así como muchas de sus acciones trascendieron en nosotros.
A lo largo de este año he vivido experiencias que jamás había imaginado; pero definitivamente ha sido un año de aprendizajes nuevos, los cuales me han permitido conocerme más, desarrolla nuevas habilidades y darme cuenta de lo que soy capaz de hacer y aportarle a mi comunidad. Gracias al proyecto de Ciudad de Dios puedo decir que este año ha sido un año de “ganar-ganar” porque no solo se trató de dictar clase de inglés a los niños del Colegio Santa Rosa de LLannavilla.
ResponderEliminarPersonalmente, considero que he mejorado respecto a la tolerancia con los que son distintos a mí, al respeto, organización, trabajo en comunidad y a darme cuenta que la realidad en la que vivo no es la única en mi país e incluso, la mayoría de peruanos necesitan de mí aunque sea con mi granito de arena.
Asimismo, considero que a raíz de todo ello, cada uno ha dejado su ladrillo, su aporte por un mundo mejor y en esta oportunidad, específicamente en nuestro proyecto de Ciudad de Dios a los niños del Colegio Santa Rosa de LLanavilla. En mi caso, haciendo un recuento de lo ocurrido, me di cuenta que poco a poco mi ladrillo fue creciendo, fue fortaleciéndose y sobretodo llegó a trascender.
Mi primer ladrillo está relacionado con el proyecto de dictar clases de inglés. Considero que pude contribuir con la educación de mi país ya que clase a clase me podía dar cuanta que los chicos a los que enseñábamos entendían más lo que les decíamos en inglés y también, cada vez que hacíamos repaso de las clases pasadas, la gran mayoría recordaba lo que habían aprendido. Es por ello, que este primer ladrillo va enfocado en el futuro de los pequeños y de la educación de mi país, a su desarrollo personal al nivel académico pues considero que hoy en día el inglés es fundamental y cuando llegamos esos niños no sabían decir ni “hello” y terminar el año sabiendo que ya entendían algunos verbos y muchísimo más vocabulario es un objetivo cumplido (un ladrillo) muy importante.
Como segundo ladrillo considero que mediante las clases de inglés tuve la oportunidad de llevar la palabra de Dios a personas que probablemente nunca habían tenido la oportunidad de oírla. Probablemente, no haya sido la persona más indicada o tenido las mejores palabras pero poco a poco me daba cuenta que al hacer la oración inicial el número de personas que rezábamos iba en aumento. Además, algo que me marcó es que me pude dar cuenta que algunos de ellos lograron entender bien lo que les queríamos transmitir y a la hora que rezábamos las ganas con lo que la hacían era de admirar. Este ladrillo, para mí fue el más trascendente ya que nunca es tarde para nada y al ser católica creo que es una de nuestras misiones.
Mi tercer ladrillo está relacionado con la trascendencia y el propósito de cada uno, específicamente con Lucero, una niña que durante todo el año no le pude arrancar ni una sola palabra hasta que llegó el último día de clases. Fue una de las mejores experiencias de todo este proyecto, mientras que me senté a hablar con ella intenté darle a conocer que Dios le había mandado un propósito en la vida y que no tenga miedo a expresar lo que piensa o siente, que el hecho que haga eso será trascendente e importante no solo para ella sino que para que los rodea e incluso, para la sociedad porque estaba segura que sus ideas eran increíbles.
Finalmente mi cuarto ladrillo, el cual está relacionado con la perseverancia y el sentido de comunidad. Más de una vez los pequeños nos preguntaron cómo hacíamos para venir todos los días y si no nos aburríamos y cuando les respondíamos una de ellas me agradecía por ser tan responsables con ellos, lo cual significó mucho porque indirectamente les transmitimos ese cualidad e incluso la de perseverancia. Además, puedo decir que formamos una comunidad y que por más tropiezos que hemos tenido, hemos seguido para adelante sin rendirnos hasta cumplir nuestros objetivos y así dar ejemplo que todo es posible y que con perseverancia, respeto y responsabilidad se pueden lograr grandes sueños.
En este año , gracias al proyecto de Ciudad de Dios puedo decir que he mejorado como persona ya que me ha hecho aprender mucho sobre lo que es el valor de una comunidad , digo esto ya que este fue diferente a los demás y no pensaba que al igual que al año pasado lograríamos ese objetivo de ser una “comunidad” . Lo digo ya que al estar en un programa como el diploma, veía un Primer Bimestre en el cual el único objetivo de uno eran los resultados académicos, entre otros, incluso me incluyo pues al igual que los demás esa era mi prioridad . Si bien tengo que mejorar unos cuantos aspectos, estoy feliz de decir que un año más formamos una COMUNIDAD con mi salón.
ResponderEliminarPor otro lado, también tuve algunas caídas durante mi proyecto. Considero que mi primer ladrillo fue la paciencia. Si bien me gusta estar con niños, jugar y todo, hubieron clases en las que me estresaba porque no se llegaba al objetivo por la misma razón que los niños al ser de 3 y 4 grado no nos hacían tanto caso. Entonces se podría decir que la paciencia se me agotaba y me frustraba. Me di cuenta que para lograr la atención de un niño no es llamándole la atención pues su reacción solo será la contraria a la que queremos. Por ello me di cuenta que hay que “Educar con amor”.
Otro de mis ladrillos fue ser profesora en Llanavilla, considero que el ladrillo de muchos ha sido ese, ya que era algo del cual nunca habíamos practicado o mejor dicho habíamos tenido una experiencia como esa. Al principio me resulto difícil pues al no tener la experiencia no sabía cómo manejar a los pequeños. Además el ir casi todos los sábados me resultaba un poco agotador pues el colegio se encuentra un poco lejos, no me sentía obligada pero sentía que si no iba quedaría mal con mi grupo y a si no tenían que ser las cosas, tenía que ser por mí mismo deseo de ir. Considero que también era porque al ser comienzo de clases, no me conocía mucho con mi grupo para dictar las clases, entonces al ponernos de acuerdo eso nos jugaba un poco en contra. Sin embargo pasó sábado tras sábado, día tras día en el colegio, etc. y los fui conociendo cada vez mejor y me di cuenta de las grandes personas que son. Logramos hacer un buen proyecto pues siento que los niños a pesar de todo aprendieron inglés.
Por ultimo considero que mi humor fue uno de mis ladrillos, me resulta un poco difícil aceptarlo pero es cierto. Menciono esto ya que mis problemas personales no tenían nada que ver con los pequeños. Por ejemplo, recuerdo que una semana me había ido mal porque me entregaron notas que no fueron de mi total gusto y el sábado estaba “cansada”, no tenía ganas y no di todo de mí en esa clase. Hasta que llego un día en el que me di cuenta que no conseguiría nada portándome de esa manera pues lo único que conseguía era perjudicar a mi grupo y no avanzar como persona. Por ello a medida que avanzaron mis clases, los fui conociendo más y en vez de estar triste me ponía feliz porque era una manera de relajarme, estar con ellos , divertirme, aprender, etc. Gracias a ellos aprendí a no combinar las cosas y mejorar en ese aspecto.
Finalmente gracias a Ciudad de Dios he crecido como persona pues se trabajar en comunidad y sobre todo se dar la enseñanza con amor.
Karen Izaguirre Mendoza 4° "E" N° 13
Antes que nada, tengo que admitir que al principio no tomaba muy enserio el proyecto de Ciudad de Dios, lo tomaba simplemente como una actividad, pero a medida que se realizaban las clases, me di cuenta que no era fácil, pues teníamos que organizar las sesiones, preparar el sílabo, pensar en dinámicas, etc. Me acuerdo que a partir de ese momento, cada sábado que iba a Llanavilla, iba muy alegre y emocionado pues ya entendía el verdadero significado de esta acción.
ResponderEliminarHe vivido experiencias inolvidables junto a mi comunidad y junto a los niños de Llanavilla, y creo que no solamente se ha aportado un ladrillo, sino muchos que se fueron concretando a lo largo de este año. He obtenido muchos aprendizajes también, pero con lo que me quedó de este presente año es con la sonrisa de cada niño, pues de esta manera puedo comprender que hemos trascendido verdaderamente en ellos.
Personalmente, el ladrillo que he dejado en todo este proyecto, incluyendo planificación, recolección de dinero, y asistencia a clases ha sido el sacrificio que he ido dejando y todo mi esfuerzo que he dado de mi ser. Pero, en relación al proyecto en sí, mi ladrillo ha sido el aprendizaje que les he brindado, ya sea espiritual, por las oraciones que hemos realizado al empezar la clase, y por el hecho de siempre tener presente a ellos en nuestras oraciones, pues algunos niños comenzaban a preguntarnos apenas entrabamos al salón sobre la oración, como el mismo aprendizaje del idioma inglés, ya que si bien es cierto al inicio no sabían hablar lo básico de este lenguaje, pero al finalizar con las clases, la mayoría de ellos comprendió y aplicó estas enseñanzas que les brindamos.
Asimismo, no los hemos cambiado, sino hemos formado parte de sus vidas, y es de esta manera también por la que hemos trascendido en sus vidas. Creo que influenciamos en su comportamiento y su personalidad, esto se debe porque en las primeras clases notábamos bastantes peleas entre los niños, insultos, golpes y hasta incluso racismo entre ellos, sin embargo en las últimas clases pude observar mucha participación por parte de ellos, y lo que más me sorprendió fue el compañerismo que comenzaron a desarrollar mutuamente, es decir se logró concretar la idea de trabajo en grupo, por ejemplo, en una ocasión vi que Renato ayudaba a sus compañeros y los guiaba, de tal manera que mostraba preocupación por ellos, y de esa manera creo yo que también desarrolló liderazgo, pero de los verdaderos líderes que se preocupan por los demás.
En resumen, al hacer una reflexión tan profunda pude comprender que nada de esto fue en vano y que nos servirá tanto a ellos como a nosotros, pero claramente más a ellos. Por último solo me gustaría añadir que ellos nos dieron una lección de vida: “Todos podemos ser felices aun así no tengamos todas las cosas del mundo, pero siguiendo nuestros sueños, siendo positivos, y teniendo a Dios siempre a tu lado, todo es posible”.
Rodrigo Pariona Pino 4° "e" n: 22
Cuando me dicen que hable de mi ladrillo en Ciudad de Dios inmediatamente se me viene a la mente la imagen en la cual una casa está siendo construida. Y es que un ladrillo puede tener el mismo objetivo pero ser manifestado de distintas cosas que en mi caso son tres cosas (La tolerancia, la perseverancia y el de saber escuchar).
ResponderEliminarSi bien una de la etapas que más he disfrutado en mi vida ha sido el ser niña, el hecho de estar con niños y niñas que ni siquiera conoces y que encima piensa como niños (madurez) creaba una inseguridad en mí las primeras clases a la que asistía en Llanavilla. Los niños o no dejaban de hablar o no dejaban de pararse de sus asientos. Era un caos, en el cual junto con mi comunidad, no sabíamos como reaccionar: o les gritábamos o les hablamos bonito. Yo no opté por ninguno de los dos, más bien les llamaba la atención pero de una forma calmada, tampoco rogándoles para que no hagan caso pero si advirtiéndoles que los iba a cambiar de sitio o que en 5 minutos volvía para tomarles la lista de cosas que no habían apuntado. Habían veces en el que se hacían los vivos conmigo o me respondían, momentos en los cuales yo no les hacía caso y los pasaba desapercibido. Una de las cosas que me motivaba a ir a las clases era el hecho que algún día esos pequeños vieran que en realidad yo les llamaba la atención por su bien y no porque era una chica amargada. Esa reflexión la vi en Jordan y Gabriela, los alumnos con los quienes más puede conversar durante todo el año. Asimismo habían reuniones con mini comunidad en la cual creábamos unas dinámicas muy bien organizadas y que suponíamos le iban a gustar a los niños; y en plena faena los niños se nos aburrían. A la mayoría de los niños no les gustaba el curso de inglés en sí por lo que cada clase notaba que cosa podíamos cambiar para que en la próxima clase a no haya inconvenientes, es más habían sábados en los que quería volver a venir el día siguiente para corregir todos los errores que mi mini-comunidad y yo habíamos cometido durante la clase.
Milagros Valerio Tello n°24
En primer lugar, creo que no me equivoco al decir que el ladrillo de la comunidad de 4to "E" fue ser los inexpertos profesores que se comprometieron hasta los huesos por sacar adelante el proyecto. Fuimos aquella carne de cañón lanzada a un experimento sin precedentes y con altas expectativas; nos volvió locos, mordimos polvo, conocimos la ira, la impotencia, la frustración y la desesperación. Pero de alguna forma nos sirvió para reorganizar nuestras prioridades y buscar el bienestar del alma de los niños un poquito antes que el dominio del inglés. Después de todo ¿Esa no era nuestra misión? ¿Compartir talentos con el prójimo? ¿Construir la Ciudad de Dios?
ResponderEliminarEn lo personal, tardé mucho tiempo en darme cuenta de cual había sido mi ladrillo. Al culminar el proyecto, a pesar de haber sido quizás la segunda experiencia más trascendente en mí, sentía que yo no había contribuido en nada. Porque en la última clase, maldición, muchos niños no sabían que rojo en inglés era red. Me sentía tan mal, porque supe que había puesto todo de mi para que las cosas salieran de determinada forma y no fueron. Quería y no se dio. Pero ¿Realmente había hecho todo lo humanamente posible? Por supuesto que no.
Necesitaba ver la obra de Dios en el camino. La Andrea frígida y cuadriculada de los primeros días pronto tuvo que dar su brazo a torcer. Necesitaba saber que sus planes estaban por muy encima de los míos, que sin su ayuda yo no era capaz, realmente. Tuve que rezar. A la larga me concedió el entendimiento del no entendimiento; a cambio, comencé a hacer lo que sentía que me pedía. Les hablé a los niños de él, fomenté la corrección fraterna. Fueron de hecho situaciones muy pequeñas, como cuando Angélica le pidió perdón a las niñas. También supe que mi petulancia debía tener un límite, supe que tenía que escuchar. Así fue como me enteré que Rubí tenía sueños con Él.
Finalmente, quería inconscientemente que mi ladrillo fuera hacer con los niños lo que él me hizo a mi. Buscar a los más necesitados en la periferia y mostrarles que las cosas no tenían que funcionar así. Por ejemplo, Bayron se negaba a participar !Porque le daba miedo pronunciar mal el inglés! Vaya menudo caso.
En conclusión, si me dicen que nuestra misión era enseñar inglés, bajaré la cabeza y aceptaré la derrota. Si se trataba de compartir talentos con el prójimo para construir la Ciudad de Dios, pude poner un pequeño y frágil ladrillo en el muro que construye la comunidad.
Andrea Niño de Guzmán n°20
Para comenzar, creo que mi ladrillo en los primeros días fue el enseñarles inglés a los niños. Sin embargo, este fue convirtiéndose en uno más trascendente gracias a que me di cuenta que mi proyecto de Ciudad de Dios era mucho más que sólo una clase de inglés.
ResponderEliminarEl simple hecho de estar en ese colegio me hizo pensar en que yo también pude haber estado en la misma realidad que los niños de Llanavilla, pero no fue así. Al inicio tuve muchos momentos de reflexión en los cuales me decía a mí misma que si realmente quería enseñarles algo más importante que el aprender inglés, debía arriesgarme y salir de mi zona cómoda, para asumir diferentes retos.
Este año me ha costado el trabajo en Ciudad de Dios, ya que no soy de abrirme mucho a los demás (sobre todo con los niños) y tampoco hablar frente a un salón pero aun así cumplí con el objetivo. Es por ello que mi primer ladrillo fue el dejarles todo mi esfuerzo y sacrificio para poder enseñarles inglés y también para que aprendan valores como el respeto, el amor y la unión como comunidad.
Por otro lado, conforme fui dándome cuenta de que el objetivo de mi proyecto no era sólo dar clases, forjé un segundo ladrillo que se orientó hacia la enseñanza del respeto y el amor hacia los demás. Y es que muchos de los niños habían sido tratados con violencia y ello se reflejaba en su comportamiento en clase o en su relación con sus amigos. Además por estar en 1° y 2° grado eran mucho más inquietos. Entre ellos se pegaban, se hablaban mal e incluso se discriminaban. Cuando vi que ocurría esto, no sabía qué hacer. Quería que dejaran de pelearse pero tampoco quería que se sintieran obligados a obedecer.
Al encomendar mi trabajo a Dios, logré resolver dilemas como este. Es así como apliqué la corrección fraterna, de manera que los educaba pero con amor. Como yo era incapaz de gritarles a los niños porque de por sí ya habían recibido bastantes gritos y maltratos, yo les hablaba de manera seria y les decía que no volvieran a responder con violencia. Cada vez que lo hacía, se los decía con el mayor amor que podía dar, porque sabía que se lo merecían.
Además de enseñarles a respetar a sus y a los demás, también les enseñaba a corregir con amor y al tratarlos de esta manera, ellos podían transmitir el mismo amor y afecto hacia sus otros compañeros para acabar con los abusos entre ellos y la discriminación.
Quería era que sintieran que alguien los amaba y que estaba dispuesta a escucharlos y ayudarlos cuantas veces necesitaran. Alguien que podía ser como una hermana para ellos.
Es por ello que a pesar de no haber dado una clase excelente o hacer que todos los niños tengan excelentes notas, logré dejar el legado que considero que es el más importante que debe recibir un niño para poder aprender a ser feliz: el AMOR.
Paola Concepción Quispe, N° 9
En primer lugar, yo considero que mi ladrillo fue en primer lugar ser profesora de inglés en el colegio Santa Rosa de Llanavilla; pero es algo raro de poder explicar, ya que por el otro lado yo considero que mi comunidad, mi comunidad de 4 “E”, ha dejado más que un solo ladrillo en la Ciudad de Dios. Si bien al comienzo, fue algo nuevo para nosotros, y sobre todo para mí, las circunstancias fueron cambiando lo que yo tomaba como una forma de vivir. Llegamos a las primeras visitas, y era un reto distinto, y tengo el orgullo de decir que eso se dio hasta el último. Conocimos a la frustración y la intolerancia, pero se pudo lidiar con ella. Esto genero que me cuestionara a mí misma, si al finalizar el año podría haber descubierto cual era mi ladrillo en la Ciudad de Dios.
ResponderEliminarPersonalmente, esa respuesta era evidente pero no podía darme cuenta, por el hecho de que no interiorizaba más lo que aprendía de cada compañero de mi comunidad, o de cada niño del salón que me tocó, que fue 5to y 6to grado de primaria. Y es que lo único que faltaba era el poder darme cuenta de cada enseñanza que me dejaba cada visita, para poder así encontrarle un sentido a lo que hacía en cada visita. Con el paso del tiempo, el conocer a niñas tan hermosas como Mayhra y Lucero, hacen que te dé más ganas de saber… ¿Cuál es el ladrillo que dejo? Y es imposible negar que Dios no me ayudo en esta búsqueda. Más que una profesora de inglés, considero que he sido una amiga que logró corregir con amor a todos, y pude transmitir lo que Dios hizo en mí, ya que noto una gran diferencia en la Paloma de marzo, con respecto a la Paloma actual. Gracias a esto, puedo decir que realmente mi ladrillo pudo trascender en mí misma, y pudo ayudar a construir lo que mi comunidad estaba construyendo, un muro más en la Ciudad de Dios.
Paloma Cotrina Navarro, Nº 11
Durante todo este año con Ciudad de Dios he vivido y aprendido cosas maravillosas, recuerdo la emoción con la que llegue el primer día a Llanavilla y la nostalgia con la que me fui el pasado 18 de Octubre. He pasado tan grandes momentos con los niños que espero haber podido dejar algo en ellos, y que recuerden estas clases de inglés sabatinas como algo más que eso, que las recuerden como esas clases de inglés donde no solo aprendías inglés, sino aprendías sobre Dios, valores, a llevarte bien con tus compañeros, a ser más tolerante, aprendías a ser un mejor ciudadano del mundo.
ResponderEliminarEs ahí donde está mi ladrillo, enseñar, en todo sentido de la palabra. Considero que yo no solo les enseñaba inglés, le enseñaba cómo soy, cómo es la vida, y cómo deben obrar según lo que nos dice Dios, buscaba poder influenciar y servir de guía para sus decisiones futuras.
Sin embargo, un ladrillo no sirve de nada estando solo, y es ahí donde está mi comunidad de 4E, pero especialmente mi mini comunidad con la cual coordinaba 1 y 2 grado. Eramos en un principio 5 personas, pero eventualmente esta mini comunidad fue creciendo; el punto es que cada uno tenía distintos ladrillos pero que encajaban el uno con el otro, y es que con la colaboración de todos es que pudimos lograr hacer las clases de inglés, lo cual considero que no es sencillo y que es todo un reto.
Mi ladrillo en el grupo fue el del compromiso, porque realmente considero que yo era la que recordaba para coordinar la clase, para que vayan a las reuniones, para que hagamos el silabo, etc. Esto lo realizaba porque me ponía en el lugar de los niños de Llanavilla y lo feo que sería estar en un clase aburrida, que se note que no está coordinada y que finalmente no aprenda nada, yo no quería eso; y es por eso que insistía con que tengamos un buena coordinación, aunque muchas veces no lo lográbamos.
En resumen, al estar escribiendo este comentario y poder reflexionar un poco sobre todo lo realizado en el presente año, puedo llegar a la conclusión que todas las horas invertidas en este proyecto han valido la pena, ya que considero que he logrado mejorar la calidad de educación de mi país, sí, en un muy pequeño porcentaje, pero, de a poco se empieza ¿no?
¿Mi ladrillo?, la verdad sé que todos tendrían una diferente manera de explicar el suyo, pero el mío fue el siguiente.
ResponderEliminarEn cuanto a Llanavilla, creo que todos lograron ver más allá de las clases de inglés y ver lo que estaba detrás de esto, esa era la verdadera enseñanza que debíamos darle a los niños. Y ese fue mi ladrillo también, no fue algo que alcanzara ni en la primera, ni en la segunda, ni en la tercera, ni en muchas, pero fue un proceso que me hizo darme cuenta de lo que en verdad se trataba. Al comienzo yo solo tenía la idea de hacer “Inglés para la vida”, enseñarles inglés que después ellos usarían en su vida para desarrollar mejores oportunidades en la vida. Sin bien la idea aún hoy me parece una buena idea para trascender en ella, no llegamos a cumplir eso en todos los niños.
Pero sentí que logré algo más importante en ellos, que fue el darles a alguien en el que ellos puedan confiar, una persona en la que ellos puedan confiar como yo confiaba en ellos. Eso no fue con todos los niños, pero si con algunos. Fui un amigo para ellos, alguien que pueda entender su sufrimiento y ayudarles así a ser mejores, con el apoyo y el hacerles saber que no enfrentan la vida solos. Lo que quise darles fue la confianza o el afecto que algunos de ellos necesitaban, sin dejar de ser controlarlos para que no excedieran los límites, para que tengan una base de principios que seguir, y de esta manera trascender como personas y no en lo que la sociedad los podría convertir.
¿Y en Ciudad de Dios? Siento que tanto yo como mi salón fuimos prueba de lo que he hablado en esta comentario, que la persistencia es lo que lleva a los resultados, que por más que al comienzo no entiendas para que sirves esto o si crees que estás perdiendo tu tiempo, mira a tu alrededor hacia las personas que quieres ayudar, lo que ellos obtengan será algo que tú también hayas logrado y por ende obtenido, ya sea un aprendizaje o un sentimiento, esa es la base de Ciudad de Dios, no solo enseñar o ayudar, sino también aprender de lo que tú mismo has hecho, ese fui mi caso y fue también mi ladrillo en Ciudad de Dios.
Diego Mansilla 4° "E"
En mi vida, nunca pensé que iba a lograr trascender en alguien, ya que, soy alguien tímido y que no es muy bueno hablando con las personas. Sin embargo esto cambio con el inicio de este año, y para ser más específico Llanavilla me hizo darme cuenta que esto si era posible. Ya que me hizo conocer a gente que nunca pensé conocer; me refiero a los niños que tenían otra realidad, otra historia. Ellos lograron enseñarme mucho, sin embargo ese no era mi plan a inicio de año, yo era el único que iba a enseñar no ellos. Pero conforme me fui adaptando a eso. Me hice una pregunta ¿qué es lo que les voy a dejar? Nos hablaban que había que dejar cosas materiales o un legado. Pero dentro de mí, no sabía que dejar. Conforme fui conociendo a los niños me di cuenta que ellos no recibían mucho amor, en sus casa. Habían muchas discusiones, al conocer eso, me propuse a transmitir todo el amor, que yo recibía, a ellos. Mediante actividades, intentando siempre estar presentes cuando se sentían solos y dando todo de mí. Siempre practicaba la corrección fraterna ya que los niños eran bien inquietos y no te respetaban, mucho que digamos, así que como profesor decidí, que ellos tenían que saber que era saber lo correcto y que no, pero no mediante gritos como eran en algunas casas, sino mediante charlas, que se notara el amor que yo tenía hacia ellos.
ResponderEliminarLlego un momento que yo sentí que nada de lo que lo que hacía tenía sentido y me di por vencido, ya que veía que no lograba trascender, felizmente eso sucedió el último día. Donde me da cuenta que mi ladrillo “de transmitir amor”, había funcionado. Ya que los niños me ponían en las hojas, donde tenían que dibujar que era lo que más les gusto del año. Esto me abrió la mirada y creo que me hizo sentir que, mi ladrillo fue colocado con cemento y que por lo menos, se quedara impregnado por un largo tiempo. Espero que esos niños logren transmitir esto a futuras generaciones.
Finalmente me atrevo a decir que este fue un reto cumplido, para mi algo insólito que nunca había sucedido en mi vida y que se vio plasmado solo en esos niños. Por eso gracias niños y Llanavilla por dejarme poner un ladrillo en esta ciudad de Dios.
Durante el desarrollo del Proyecto de Ciudad de Dios a lo largo del año creo que como "ladrillo" brindé a este mi forma de ver las cosas, como todos lo hemos hecho. Para poder explicar de mejor forma dicho aporte he de remontarme a los inicios de la experiencia para relatar como influí en esta, puesto que para mí mi “ladrillo” se evidencia a lo largo de todo el proyecto.
ResponderEliminarMi colaboración en la enseñanza del inglés a los niños pequeños de inicial antes de iniciar con las clases fue apesadumbrada, porque a pesar de haber pensado que podría actuar con los pequeños temía no poder cumplir con el proyecto, terminar envuelto en mi propia indiferencia e incumplir con mi comunidad en la elaboración y posterior puerta en práctica de las actividades. Mis temores felizmente se esfumaron durante la primera clase, a pesar de los nervios que sentía, cuando vi a los alumnos también sentía la alegría de verlos, su sorpresa y actitud pacífica ante nosotros, unos extraños, era tranquilizadora. Siendo tan pequeños me hacían sentir mis deberes como profesor aún más, y también como persona tenía la sensación de cuidarlos y enseñarles como si fueran mis hermanos menores, tan adorables y tiernos, jóvenes en crecimiento. En esta clase tuve la oportunidad de darles consejos a algunos de los alumnos que, juguetones, a veces no se daban cuenta de lo que hacían, era agradable ayudarles en sus problemas y aún más cuando al final comprendían.
De ahí en adelante en las siguientes clases trataba de imprimirle ese sello mío al desarrollo de las actividades en cualquier momento de la enseñanza, sea durante una actividad al pedirse unos a otros materiales, o en la hora de la merienda al enseñar que todos debían de esperar a que todos hayan tomado su parte para repetir. Mi contribución constante era una enseñanza en adición al inglés, quería que aprendieran cómo deberían interactuar con otros sin forzarlos, darles consejos de comportamiento para ser mejores personas, mejores seres humanos, más solidarios, más fraternos. Trataba de enseñarles a ser como yo no pude mediante lo que yo aprendí al no comportarme así, la comprensión, la solidaridad, a reflexionar sobre sus actos. Es por esto que siento mi participación en Ciudad de Dios muy personal porque en sí contribuí con el conocimiento fruto de mis experiencias para enseñarles a los niños de inicial cómo ser mejores personas. Claro solo eran consejos además ellos podrían ser mejores personas que yo en ese momento pero tal vez se olvidaron de cómo actuar, a lo que me refiero es que a pesar de desconocer que ellos pudiesen saber ya lo que yo les decía quise repetirlo para asegurarme. También tengo la incertidumbre de si lo seguirán aplicando pero al menos tengo la certeza que en el momento indicado y cuando debía les dije, les enseñé como actuar. Es eso lo que le dejo como “ladrillo” a Ciudad de Dios, mi contribución son mis consejos dados por la preocupación hacia los niños de que sean mejores.
Ricardo Fabrizio Arteaga Ramírez 4°E N°3
Muchas personas piensan que Ciudad de Dios es solo una nota fácil que te dan por solo ir a un hogar o algo por el estilo, que el asistencialismo es la esencia del curso pero muy pocos se dan cuenta de lo que es verdaderamente trascendente. Para mí, Ciudad de Dios no es solo un curso, es una oportunidad para sentir el verdadero amor que trasciende y hace mejor a las personas. A lo largo del año mi comunidad del 4to E y yo hemos vivido distintas experiencias buenas y malas que hasta el momento creo yo que nos han enseñado a ser ciudadanos del mundo pero de la ciudad de Dios, y es en esto lo que se basa el concepto de mi ladrillo en sí.
ResponderEliminarNo quisiera que mi labor se quede aquí, quisiera que nuestra comunidad ,a pesar de que ya no nos veamos en las tutorías, pueda realizar acciones de amor y trascendencia en beneficio del prójimo. Creo que lo más próximo a esto es el proyecto CAS que desarrollaremos en verano y que con la ayuda de unos compañeros sacaremos adelante. Asimismo, cabe mencionar la labor de corrección y la implementación de valores que llevamos en el colegio Santa Rosa de Llanavilla, siempre veía de que cuando un niño se equivocaba al expresarse o no hacía lo que debía siempre había alguien que lo guiara y lo encamine por el bien. Lo más bonito de todo esto es que ellos no tienen ni idea de lo que es la esencia de nuestra labor, pero sin embargo la viven y la experimentan y aunque algunos digan que no es así yo creo que sí logramos cumplir nuestro objetivo como salón.
Todos saben que una casa necesita un cimiento, columnas y por supuesto ladrillos, es una buena analogía para describir todo lo que nosotros hacemos como una comunidad que está en busca de la verdad divina. Hasta se podría comparar a la fe como la base, la acción como las columnas y a nuestra labor como los ladrillos, los de cada uno de nosotros, para hacer una casa fuerte y resistente a todo. Desde Llanavilla hasta el búnker, mi labor siempre se ha mantenido latente,y aunque a veces me quise dar por vencido siempre encontré fuerzas para levantar la cabeza y seguir adelante para realizar todas mis actividades. A lo largo del año si bien es cierto no empezamos como una comunidad hoy me puedo atrever a decir , aunque algunos lo nieguen, que hemos llegado a ser una comunidad que cada uno de nosotros ha venido construyendo con cada uno de sus ladrillos terminando construyendo la casa llamada 4ta E, una de las muchas que forman la Ciudad de Dios.
¿Cuál fue mi ladrillo en ciudad de Dios este año?
ResponderEliminarLa verdad nunca me había puesto a pensar sobre la respuesta a esta pregunta, ni me la había cuestionado, la naturaleza de la misma no se refiere a Llanavilla específicamente, se trata de cómo has trascendido en el mundo, teniendo a Dios presente todo el tiempo, lo que se entiende por “Ciudad de Dios”, por lo que es más complejo de lo que a simple vista apunta la pregunta, ¿Llanavilla fue todo lo que hice por la Ciudad de Dios? o ¿habré hecho más este año?
Personalmente creo que Llanavilla jugó un rol muy importante en lo que fue mi ladrillo de Ciudad de Dios este año, el cual fue ser perseverante con mis amiguitos de Llanavilla, porque quise ser más que un simple profesor para ellos.
Siempre que iba a Llanavilla no lo hacía por una nota, o porque fuera obligatorio, sinceramente solo falte una vez este año a este proyecto y fue por motivos de fuerza mayor, y mientras avanzaba el año, el hecho de ir le daba sentido a mi existir por este año.
“Ser un profesor de inglés”, pudo ser la definición superflua de lo que vino a ser mi ladrillo en este colegio, pero la verdad es que fue mucho más que solo eso. A inicios del año conocí a un chico llamado Juan Carlos, un chico juguetón y lleno de alegría, incapaz de molestarse con alguien y además muy justo, pero el chico no sabía nada de inglés, fue por “casualidad” de la vida que fue el primer chico que me toco enseñarle, y creo que es de quien más me voy a acordar. A pesar que inglés es uno de los cursos que para mí se me hace más difícil a diferencia de los demás, no deje de perseverar con él especialmente, cada visita que teníamos, siempre iba con la meta que este chico, mi amigo, aprendiera algo de lo poco que yo también se. Al final del año él era uno de los que más participaba en la clase y uno de lo que considero aprendió más, no sé si fue específicamente solo gracias a mí, pero si algo que yo hice ayudo por lo menos a uno de ellos, mi pequeño granito de arena fue puesto en mi comunidad, pero más allá de haberle enseñado el inglés, estoy seguro que le mostré que podía confiar en mí y que siempre que me necesite en la clase yo estaría con él, le di mi amistad, más que una relación profesor-alumno.
Y no solo con él, durante el año conocí a varios niños como Jorge, Joel, Ángel David, Moisés, Mariana y Yuri, a quienes también les mostré mi amistad, pero considero que con quien trascendí más fue con Juan Carlos.
Siento que lo que respecta a corrección fraterna no fue mi fuerte, pero sí estuvo presente como un segundo ladrillo que podría agregar en Llanavilla. Había un grupo de alumnos en mi clase que eran los más revoltosos, y aunque siempre les decía que haciendo eso no lograrían nada, y que lastimar al prójimo está mal, creo que no pude hacer mucho para que eso disminuyera, tal vez por el hecho de ser niños en una edad de cambios y un poco más grandes, por lo que es difícil corregirlos, ellos deben darse cuenta de su error, nosotros solo mostrarles que no está bien lo que hacen.
Volviendo a lo que dije al principio, considero que no todo ocurrió en Llanavilla, a lo largo de este año gracias este proyecto pude aprender muchas cosas, la tolerancia y la perseverancia que di en Llanavilla no solo se quedó ahí, en el colegio tuve amigos que estaban tristes y molestos por diversas cosas que les habían pasado, siento que mi ladrillo ahí fue reconfortarlos y darles la esperanza de que algún día todo mejorará, no me gusta ver a mis amigos mal, siempre hare lo que pueda por ayudarlos, y que después de ayudarlos ellos sientan que tan bien pueden dar consejos, por algo que yo les haya dicho y trascendiera en ellos.
Estos fueron mis ladrillos, los que sé que aunque sean pequeños, ocupan un lugar en la pared de la ciudad de Dios.
Este año tuvimos como proyecto CdD enseñar inglés a niños de 5to y 6to de primaria del colegio Santa Rosa de Llanavilla. Tengo que admitir que fue todo un reto. No es que el nivel de los pequeños haya sido en un inicio el más adecuado; había niños difíciles que no tenían la disposición de aprender; nuestra planificación pudo haber sido mejor, tomando en cuenta que nos jugábamos su educación; y como pequeña comunidad tuvimos nuestros altercados. Sin embargo, considero que si logramos aportarles algo que iba más allá que enseñarles una segunda lengua. Y lo pude comprender en especial en nuestra última sesión.
ResponderEliminarEn primer lugar, se sabía que había niños tímidos que tenían temor de participar y cometer algún error; y que en mi salón existía un grupo de niñas con esas características, y no participaban. Generalmente yo me dedicaba a dictar la clase y hacerla lo más dinámica posible, pero esa vez decidí dictar solo parte de esta, entregar la batuta a alguien más, y sentarme con mis, ahora, pequeñas amigas. Puede que las haya prejuiciado, pero son geniales, cada una con una idea distinta de la vida; sí, eran tímidas, pero tenían mucho que decir, y fue maravilloso que me hayan querido compartir un poco aquella clase. En especial Lucero y Mayra, quienes eran las más calladas; se logró que si quiera compartieran algo pequeño, pero significante. El ladrillo fue: demostrarles que no hay error que detenga la participación; que deben expresarse con prudencia y que nadie es perfecto, que no se las juzgaría por equivocarse, y que estaban ahí para aprender.
Asimismo, se trabajó el tema de “Jobs” y qué querían ser cuando fueran mayores. Estábamos más que entusiasmados pues fue una de las pocas clases que hubo una planificación evidenciada y concreta. Llevamos material para dinámicas y la clase en sí; y para complementarla enseñaríamos el “Golden circle”, con un fin trascedente. Me enteré que Juan Carlos, quien es especial para mí, quería ser aviador, pero no sabía si podría; es más, tenía vergüenza de decirlo ante todos porque no sabía cómo reaccionarían, aunque eventualmente lo hizo. Esos pequeños están en la edad de poder soñar más allá de lo permitido por este mundo realista, y ¿quiénes seríamos nosotros para cortarles las alas de su imaginación? Otro de los ladrillos fue: inculcarles que no existen los imposibles y que con esfuerzo y dedicación se pueden concretar hasta las más locas ideas.
En conclusión, creo que nuestro ladrillo en sí, no fue enseñarles inglés pues sinceramente no creo que hayan alcanzado el nivel que tuvimos como meta a inicios de año; aunque sí puedo decir que el inglés fue un pretexto para enseñarles algo más allá; para demostrarles que podían expresarse y que tenían que soñar más allá de esas cuatro paredes; que tenían un futuro increíble que les aguardaba si así lo querían, y que todo se logra con esfuerzo. Espero que lo que pienso que inculcamos, no se lo olviden nunca y que haya trascendido; así como ellos sábado a sábado lo hacían con nosotros, en especial conmigo, porque quizá no se los comenté pero ellos me dieron la oportunidad de ser profesora y eso se los voy a agradecer siempre.
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ResponderEliminarDesde mi punto de vista, considero dejar un ladrillo, como trascender en las personas; es así como nace mi experiencia dentro del proyecto de Llanavilla, cuyo objetivo es enseñar inglés a los niños. A lo largo de este año pude experimentar diferentes sensaciones y aprendizajes, a partir de las experiencias transmitidas por los niños hacía mí, y hacía ellos mismos; logrando conocerme más, desarrollar nuevas habilidades y ahondar en la experiencia de conocer lo que es llevar una comunidad dentro de los horarios de clase.
ResponderEliminarEn un principio, pensé que el objetivo de ir a enseñar inglés, iba a ser el verdadero ladrillo que dejaríamos; sin embargo, en referencia a toda la comunidad, opino que todos aportaron un poco de su forma de ser, y a partir de ello cada niño pudo aprender; no solo el idioma inglés, sino también lo que quisimos transmitir.
Cuando el proyecto empezó, sentí lo que realmente es estar dentro de una realidad completamente distinta a la mía, eso ocasionó que valore lo que tenga en ese momento, debido a que esto podría servirme y aprender de ello. Al observar a cada niño, pude notar que todos eran cariñosos, llegando al punto de abrazarme estando en el primer día de clase. Podría decir que no soy de esas personas que manifiestan la importancia de una amistad a través de besos y abrazos, lo que ocasionó un rechazo psicológico hacía la presencia de los abrazos: cada niño me miro raro, como si fuera un “extranjero” a su mundo. Dentro de esos alumnos se encontraba Isabella y John, los cuales manifestaron parecerse mucho a mí.
En primer lugar, mientras el tiempo transcurría pude notar cierta similitud con ellos, hasta casi a final del año, me enteré que Isabella estuvo con Patrick. Esto me sorprendió mucho, generando un pensamiento de: “ambos se van a distraer, no prestarán atención a clase.” Consideraba que Isabella era muy cariñosa y en ese punto diferente a lo que yo expreso; sin embargo, con Patrick era no asemejaba lo mismo. Es ahí donde me di cuenta que, en el caso de Isabella, el expresar un cariño hacía personas con mucha importancia, se basa en no manifestarlo a través de abrazos y besos. En efecto, a partir de esto, pude notar que durante todo el año, inculqué el amar de una manera diferente: ¡Ese fue mi principal ladrillo!
En segundo lugar, considero que mediante las clases de inglés logré transmitir la palabra de Dios (evangelizar), a personas que quizás no logren interiorizar sobre ello. Probablemente, no sea un experto en transmitir sentimientos o un mensaje; debido a la falta de experiencia en ello, pero pude apreciar que logré transmitir un poco de ello: Al final de cada clase se iba incrementando el volumen de la oración al realizarle, ya que cada niño iba participando de manera activa y se involucraba más.
Finalmente, puedo decir que cada niño pudo aprender de cada uno de nosotros, compartiendo experiencias y aprendizajes hasta el punto de aplicarlo en nuestras vidas. Sin embargo, considero que aún falta mucho por hacer, considerando esto como una tarea difícil que Dios manda: ¡Construir la ciudad de Dios implica esfuerzo y compromiso de todos!
Fuentes:
EliminarEspinoza, J. (s.f.) Tratamiento y disposición final de residuos Industriales generados en una Refinería. Extraído de: http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/publicaciones/geologia/vol6_n11/tratamiento.pdf
Empecé este año con grandes expectativas de con respecto a Ciudad de Dios. Durante la Jornada CdD, nos dijeron a 4 E que nuestro proyecto para todo el año sería enseñar inglés a los niños del colegio Santa Rosa de Llanavilla. A mi grupo le tocó con niños de 1er y 2do grado. Fue todo un reto, ya que trabajar con niños de esa edad era muy complicado, y más con las condiciones en la que estaba el colegio. Pero eso no fue un obstáculo, sino que tuvimos que ingeniárnosla para que podamos llegar a nuestro objetivo al final del año. Durante todo el proyecto, tratamos sobre diversos temas, y a la vez pude conocer a varios niños que cambiaron mi forma de pensar.
ResponderEliminarLa habilidad que ellos tenían, seguro no era para la teoría, sino que a través de la práctica, podían comprender un tema mejor. Hubo dos niñas que agarré cariño con ellas, que fue Marbella y Kimberly, ellas fueron las que iluminaban las clases de inglés, a pesar de que era muy difícil hacerlas aprender, porque eran muy distraídas, yo con un poco de paciencia, las comprendía, y a través de estos espacios, pude conocer un poco más sobre ellas. Me contaban que los profesores eran muy duros cuando se cometía un error, pero a pesar de eso yo las aconsejaba de tal forma que siempre veían el lado bueno, y que después de la tormenta, siempre hay un arco iris. Ese fue mi ladrillo este año, enseñarles que en esta vida hay esperanza de que todo sea mejor de lo que es hoy. Ya que con un poco de optimismo y sacrificio podemos hacer que nuestra vida valga la pena.
Con este proyecto, se pudo trabajar también el tema de la religión, con esos espacios al principio de las sesiones donde encomendábamos nuestra clase a Dios, pero a veces, los niños no lo entendían bien. Sin embargo, a través de una simple oración, podíamos encaminar por el camino del bien la vida de esos niños e instruirlos más acerca de este tema. Ya que si bien en los colegios estatales no se toca mucho la religión, era la mejor oportunidad para que los niños conozcan un poco más sobre Dios.
En conclusión, creo que aporte un ladrillo importante en la vida de estas dos niñas, ya que ellas fueron con la que entablé un lazo de amistad muy fuerte, y comprendí que no todo era de color rosa en esta vida. Que siempre hay dificultades, pero que con esperanza todo se puede y que a través de simples acciones como enseñar inglés, se puede cambiar la vida de muchos niños. También que Dios debe ser el centro de nuestras vidas, y que con mucha fe, se puede alegrar la vida de muchas personas.
Al principio se me hacía muy complicado poder saber concretamente cuál fue mi ladrillo en Llanavilla, muy difícil. Debido a que normalmente no me doy cuenta de las cosas a largo plazo, y me enfoco en lo que ocurre en el momento. Sin embargo, debido a que sí pude presenciar un cambio evidente durante las clases que dimos, solo tuve que reflexionar un poco para darme cuenta lo que hemos logrado con esos niños y lo que hemos dejado a este colegio.
ResponderEliminarEmpezaré resumiendo lo que pude experimentar durante las clases y básicamente mis fundamentos por los que llegué a mis conclusiones. Durante las primeras clases que tuvimos, vi que habían muchos estudiantes que tenían temor a participar, y no solo el típico “roche” que creo que la mayoría de nosotros sentimos al tener que participar al frente de la clase; sino más bien, un temor a abrirse a personas que recién conoce, reprimir sus sentimientos. Y esto tenía una obvia razón que tenía que ver con lo que cada uno de esos niños había pasado durante sus vidas y como esas experiencias afectaron su personalidad. Lamentablemente, era algo que yo veía venir, al ser niños que viven en un contexto totalmente distinto al nuestro, y sabiendo la situación actual de muchos niños en nuestro país. Eran niños con capacidad, quizás no muy bien trabajada, pero tenían lo suficiente para entender la clase. Eso lo vi con muchos niños que si bien se quedaban callados, solo tomaba ir con ellos personalmente, motivarlos un poco y ver cómo podían realizar las actividades que les proponíamos.
Poco a poco vi cómo se abrían cada vez más a nosotros, y también formábamos un vínculo no solo de profesor-estudiante, también un vínculo de amistad. Para la última clase me alegré mucho al ver hablando con nosotros estudiantes que, pese a que intentamos repetidas veces, no participaban para nada; y así como eso pasaba, nuestros alumnos hacían actividades un poco complicadas y que invitaban un poco a su propia reflexión casi sin ningún problema.
Quizás nuestras clases no fueron impecables, quizás hubieron ocasiones que la desorganización nos jugó una mala pasada, y quizás al final el nivel de inglés que nuestros alumnos tenían no era el mejor para su edad. Pero en mi opinión creo que poder mejorar el estado emocional de esos niños, darles esperanzas y motivarlos a continuar sus estudios con ganas es mucho más importante que unas notas. Nosotros logramos eso, y yo mismo lo pude ver, pero aún sé que hay mucho que poder mejorar. Pero eso es lo bueno de Ciudad de Dios y de poner nuestro ladrillo en Llanavilla, puede que todo no este 100% completado, pero con esta semilla de esperanza que hemos plantado en ese colegio a lo largo de este año, hemos iniciado algo que se continuará. Puede que no vea a mis estudiantes otra vez, pero siento que yo, junto a mi comunidad, hemos podido trascender en cada uno de esos niños. Mi ladrillo fue lo que considero yo lo más importante para una educación y para la vida; la esperanza.
Luis Adrián Lizárraga Calderón
¿Cuál fue mi ladrillo este año en Ciudad de Dios?
ResponderEliminarDurante todo el año he vivido experiencias que según yo nunca las olvidaré, y que siempre que piense que el mundo me pone las cosas difíciles, tratando de ponerme obstáculos para alcanzar mí meta, recordaré que todo es posible, y que a partir de un solo problema no puedo dejar mi sueño de lado, cosa que aprendí tanto en Llanavilla y como en ciudad de Dios.
En primer lugar para empezar hablando de los ladrillos que dejé en la Ciudad de Dios, me gustaría empezar con el hecho de haber dejado una enseñanza de amor, amistad y perdón en los niños. Esto yo lo puedo evidenciar en los momentos que los niños, como todos en general, recurrían a formas extremas de mostrar su resentimiento antes otros, pero ¿cómo? Apartándolos del grupo y diciéndole que no son sus amigos.
A partir de eso, es donde entraba yo, y es que desde pequeño me enseñaron que el aceptar y pedir un perdón era la mejor solución para cualquier problema, y así fue, ya que cuando los niños se peleaban entre ellos, siempre yo pedía que aclararán las cosas, pidiéndose a la vez una disculpa y dándose un abrazo o cualquier otro gesto de reconciliación.
En mi opinión, esta costumbre de los niños de mantenerse en “bronca” como decían algunos niños, que en otras palabras significaría pelea, no les era nada familiar, ya que con algunas historias que ellos me contaban pude darme cuenta que estaban acostumbrados a no aceptar disculpas, y ni mucho menos pedirlas.
Por otro lado, siguiendo el tema de los ladrillos que dejé en Ciudad de Dios, creo que otro más de ellos fue el liderazgo que tuve al momento de coordinar las actividades. En un principio, antes yo no sabía lo que era comportarse como un líder, o tal vez sí, pero no desarrollaba ese talento como se debía de ser. A lo largo del año aprendí que un líder era aquel que buscaba beneficios a la comunidad antes que a él, y que también es capaz de reconocer sus errores, aceptándolos, corrigiéndolos y superándolos, tal como yo lo hice en muchas ocasiones.
A partir de esto, corregí bastante a varios miembros de mi salón, con el único propósito de buscar fortalecer nuestra comunidad, porque ¿De qué sirve tener malas costumbres contigo sabiendo que tú puedes llegar lejos? Para esto, es donde yo como líder aparecía, ya que el hecho de exigir los permisos a tiempos por ejemplo, o pedir los sílabos con puntualidad, no era por las puras, sino lo hacía con el fin de que reconozcan esos errores y lo puedan superar.
En otra parte, al hablar de ladrillos, creo que también es merecedor el hecho de hablar del ladrillo que me pusieron a mí, ya que por lo general antes era una persona no tan organizada y un poco indiferente ante las situaciones de los demás. Como bien lo dije, a lo largo de Ciudad de Dios, aprendí que tengo que valorar todo lo que tengo, y dar gracias de ellos, ya que siempre habrá muchas personas atrás mío deseando las oportunidades que yo poseo. Asimismo también aprendí que con una acción, con el simple hecho de dar una lección, puedo marcar y trascender en una persona, ya que ese es mi misión de vida, siempre estar ahí diciendo lo bueno y lo malo de alguien, con el fin de buscar una mejora en aquella persona.
Aarom Tinoco Gutarra 4to E N°23
Si me preguntan por mi ladrillo de este año, pensar en mi respuesta resulta muy complicado y complejo a la vez, ya que he dejado más de un ladrillo en el colegio Santa Rosa de Llanavilla. Yo era mayor, con quizás más conocimientos que los niños a los cuales enseñaba, pero lo que ellos me demostraban cada clase no se comparaba con un “he” o “she” que me esforzaba por enseñarles.
ResponderEliminarCuando empezó mi proyecto creía que no iba a llegar a trascender por lo mismo que eran niños y tenía la mentalidad de que iría una semana y a la siguiente no me recordarían, pero todo eso cambió. Empecé como coordinadora es decir no tenía la oportunidad de enseñarles directamente a los niños pero a veces entraba a ver como andaban y que estaban aprendiendo, sin darme cuenta a veces me quedaba la mitad de mi tiempo enseñando a un grupo de 8niños todos hombres, cada clase siempre iba y con tan solo verlos me alegraban el día. Siempre iba y los apachurraba porque soy de esas personas que va abrazando y sonriendo a todo el mundo pero si bien la mayoría de niños son super cariñosos había un par que no lo eran y eran Patrick y Ángel los dos mejores amigos y muy parecidos en cuanto a personalidad en un primer bimestre los pude ver algunas veces pero nunca llegar a enseñar.
En el segundo bimestre fue que “baje a la cancha” me convertí a profesora y ¡Oh sorpresa! Enseñaba en el salón de 1er y 2do grado donde estaban los chiquitines a los cuales le había cogido cariño, hasta ahora no le encuentro razón pero siempre me encariño más con los hombres y con los más traviesos, es así que por estrategia en el salón siempre se separaban las mujeres de los hombres ya que eran muy revoltosos y yo enseñaba a ese grupo de los 3 traviesos para mí los tres mosquetero, Yohann, Piero y Omar, fue en ellos que trascendí más creo, porque a veces tenía que hacerme la mala para que me hagan caso, pude inculcar en ellos principalmente el amor y los valores a veces podía pasarme más de la mitad de la clase explicándoles lo importante que era estar calmados y escuchando la clase, al principio me asentían la cabeza pero finalmente no lo hacían me frustraba pero insistiendo es que se logran las cosas, cuando se realizaban las clases ya no eran los insoportables, ahora podían por lo menos estar mitad de la clase escuchando y aprendiendo, para tener una gran recompensa al final del año con un simple “gracias” y una sonrisa.
Por otro lado me tocó desarrollar nuevas habilidades para poder llegar a Patrick y Ángel, son niños con personalidad muy diferente a la mía son mucho más callados y analíticos es decir cuando yo iba, los abrazaba y sonreía se quedaban con cara de que haces suéltate me di cuenta que ese método que había usado para todos no serviría con ellos y decidí conocerlos sentarme y preguntarles como estaban cada día que iba a clase, cuando pude tener la confianza de Patrick me di cuenta que era realmente sorprendente e inteligente!! era creo el único que se sacaba 20 en todas las prácticas que tomábamos y ello lo hacía más interesante porque era todo lo contrario a mí, le llegué a enseñar al Padre Nuestro y creo que ese es el momento que más me acuerdo en todo el año.
Finalmente considero que mi superladrillo fue entregar amor, brindar confianza e inculcar valores. Fue un año intenso en el cual a veces quería tirar la toalla con los niños revoltosos que ante sus actuares no tan buenos te sonreían y daban un gran abrazo u otros que te mostraban sus admirables 20’s signo de agradecimiento ante tu enseñanza. Solo me queda agradecerles a esos niños que me ayudaron a construir la Ciudad de Dios. Deje mis ladrillos y ahora me toca fabricar unos nuevos y más resistentes.
Al principio de este año tuve un nuevo reto, enseñar, muchos estaban fascinados con la idea, en cambio yo estaba asustado, estaba nervioso, me cuestionaba mucho ¿Les agradare? ¿Me harán caso? ¿Acaso les dejare algo que valga la pena? Eran preguntas que se me sería respondida a fines del año. Lo cual se me hacía muy lejano. Sin embargo, los días pasaron rápido y pude encontrar las respuestas correspondientes a mis preguntas.
ResponderEliminarCuando termino el proyecto, sentí alivio, conocí a mucha gente, que me enseñaron elementos esenciales en la vida, pude tener nuevas experiencias que no creía que me pasarían, pero para ello tuve que bajar a la cancha, tuve que involucrarme en un proyecto en el cual no me sentía capaz de sacar algo provechoso, pero fue todo lo contrario. En el colegio de Llanavilla, se encontraban todo tipo de chicos, revoltosos, tranquilos, relajados, chistoso, felices, tristes, engreídos, etc. Con mi grupo detectamos ciertos problemas en los cuales se encontraban a estos tipos de chicos en problemas con sus amigos, se peleaban, se insultaban y se resentían, a pesar de que eran buenos chicos en clase, por dentro se les percibía los problemas, que tenían, fuera del ámbito escolar, tuvimos que entrar dentro de sus vidas, ello era más difícil que dar clases, sin embargo era el papel de un profesor, poco a poco pudimos encontrar las causas de cada personalidad, por ejemplo, Renato veía a su mamá cada dos meses, y demuestra ser un chico tranquilo y a la vez estudioso, por otro lado hay que chicos que han sufrido de golpizas hasta violaciones, de sus propios padres, nos impresiono, pero no nos detuvo, aprendí a ponerme en el lugar del otro y a cambio di amor, un cariño que perdura, que marca, mi ladrillo, fue el amor, los niños empezaron a cambiar, en actos, empezaban a respetarse más, sin perder su esencia infantil de traviesos, pero no se insultaban ni se peleaban, corregían al otro con amor, no había odio, ese odio que al principio del año había y ahora desaparecío.